Masticar chicle puede ayudar a concentrarse y aliviar el estrés: un estudio reveló lo que pasa en tu cerebro cuando practicas este hábito
Un análisis científico que revisó más de 30 años de estudios cerebrales encontró que masticar chicle activa zonas del cerebro relacionadas con la atención y la regulación del estrés, aunque sus efectos son breves y dependen del contexto.

Masticar chicle es una costumbre tan cotidiana que pocas veces se cuestiona su origen o sus efectos reales en el cuerpo.
Sin embargo, la ciencia moderna ha comenzado a analizar con mayor profundidad qué sucede en el cerebro cuando una persona mastica chicle y si esta acción puede ayudar realmente a concentrarse y reducir el estrés.
Una revisión científica publicada en 2025 por investigadores de la Universidad de Szczecin, en Polonia, analizó más de tres décadas de estudios con imágenes cerebrales para entender cómo responde el cerebro al acto de masticar. La información fue difundida recientemente por Fox News, con base en reportes científicos y entrevistas con especialistas.
Lejos de ser una simple manía, los hallazgos sugieren que masticar chicle sí modifica la actividad cerebral, sobre todo en regiones relacionadas con el movimiento, la atención y la regulación emocional. No obstante, los efectos no son universales ni permanentes.
Masticar sin hambre: una práctica que tiene miles de años
Aunque hoy el chicle se asocia con sabor, frescura o entretenimiento, los humanos han masticado sustancias similares desde hace al menos 8,000 años.
En la antigua Escandinavia, se masticaba resina de corteza de abedul para ablandarla y usarla como pegamento para herramientas.
Otras culturas, como los griegos, los pueblos originarios de América y los mayas, también masticaban resinas de árboles, ya fuera por placer o por sus efectos calmantes, según ha documentado National Geographic.
Con el paso del tiempo, la práctica se transformó en industria. A finales del siglo XIX, William Wrigley Jr. convirtió el chicle en un producto de consumo masivo.
Sus campañas lo presentaban como un aliado contra los nervios, el hambre y la falta de concentración.

En 1916, incluso se publicaban mensajes como:
“¿Estás preocupado? Mastica chicle… ¿Te quedas despierto por la noche? Mastica chicle… ¿Estás deprimido? ¿El mundo está en tu contra? Mastica chicle”.
Décadas después, la ciencia intenta comprobar qué parte de esas ideas tenía fundamento.
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Qué pasa en el cerebro al masticar chicle
La revisión de 2025 reunió estudios que usaron resonancia magnética, electroencefalografía (EEG) y espectroscopia de infrarrojo cercano para observar el cerebro en acción.
Los investigadores encontraron que masticar chicle activa:
- Zonas motoras y sensoriales, responsables del movimiento de la mandíbula.
- Regiones de orden superior, ligadas a la atención, el estado de alerta y el control emocional.

Los registros de EEG mostraron cambios breves en las ondas cerebrales asociados con un mayor estado de alerta y lo que los científicos describen como una “concentración relajada”.
Esto ayuda a explicar por qué una acción repetitiva y aparentemente sin sentido puede sentirse tranquilizadora, incluso cuando el sabor ya se perdió.
¿Ayuda realmente a concentrarse?
Los resultados indican que masticar chicle puede apoyar la concentración, sobre todo en tareas largas, repetitivas o poco estimulantes.
Crystal Haskell-Ramsay, profesora de psicología biológica en la Universidad de Northumbria, explicó:
Si estás realizando una tarea bastante aburrida durante mucho tiempo, masticar parece ayudar con la concentración”.

Sin embargo, los estudios también muestran límites claros:
- No mejora de forma consistente la memoria.
- Las personas no recordaron mejor listas de palabras o historias.
- El aumento de atención desaparece poco después de dejar de masticar.
En otras palabras, el chicle puede ayudar a mantenerse alerta, pero no convierte una tarea en más fácil ni mejora el aprendizaje a largo plazo.
¿Sirve para aliviar el estrés?
La revisión respalda investigaciones previas que señalan que el chicle sí puede reducir el estrés, pero solo en ciertos contextos.
Se observaron efectos positivos cuando las personas masticaban durante situaciones ligeramente estresantes, como:
- Hablar en público.
- Resolver cálculos mentales.
- Realizar tareas bajo presión moderada.
En esos casos, muchos participantes reportaron menores niveles de ansiedad.
Pero el efecto no se repitió en escenarios más intensos:
- No redujo de forma consistente la ansiedad antes de una cirugía.
- No ayudó cuando las personas enfrentaban problemas diseñados para provocar frustración extrema.
Esto indica que el chicle no actúa como calmante general, sino como un apoyo leve en momentos de tensión moderada.
Qué creen los científicos sobre este efecto
Los investigadores consideran que masticar chicle podría funcionar como una forma de canalizar la inquietud física, lo que ayudaría al cerebro a mantenerse regulado.

En su revisión, señalaron:
Aunque estos efectos suelen ser de corta duración, la variedad de resultados subraya la capacidad de la goma de mascar para modular la función cerebral más allá del simple control motor oral”.
No obstante, también fueron claros en sus límites:
“En este momento, los cambios neuronales asociados con la masticación de chicle no pueden vincularse directamente con resultados conductuales y funcionales positivos de forma concluyente”.
Por ello, plantean que futuras investigaciones deben estudiar:
- Impactos a largo plazo.
- Diferencias entre chicle con sabor y sin sabor.
- Posibles aplicaciones terapéuticas.
Advertencias: no todo es beneficio
Más allá del cerebro, los especialistas también llaman a la cautela.
Fox News ha reportado previamente que, aunque el chicle sin azúcar puede ayudar a reducir caries, los dentistas advierten que:
- Algunos ácidos y edulcorantes pueden dañar el esmalte.
- La masticación excesiva puede generar molestias en la mandíbula.
- Puede provocar dolor, desgaste dental o problemas en la articulación temporomandibular.
Por ello, su uso debe ser moderado.
Con información de Fox News.
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