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Las 3 frases que reflejan infelicidad, según la psicología, y cómo cambiar hábitos diarios para mejorar el estado de ánimo

La psicología explica cómo ciertas frases reflejan infelicidad.

Las 3 frases que reflejan infelicidad, según la psicología, y cómo cambiar hábitos diarios para mejorar el estado de ánimo

Las palabras que usamos todos los días pueden decir más de lo que creemos. Desde la psicología, el lenguaje cotidiano no solo sirve para comunicarnos, también refleja cómo pensamos, cómo nos sentimos y cómo enfrentamos la vida diaria. Ciertas frases repetidas con frecuencia están asociadas a estados de insatisfacción, culpa constante o baja autoestima.

Especialistas en bienestar emocional coinciden en que identificar estos patrones no busca etiquetar a las personas, sino entender qué ocurre a nivel interno y qué hábitos pueden ajustarse para sentirse mejor. Esto incluye rutinas simples como el descanso, la forma de alimentarse y la manera de hablarse a uno mismo.

El lenguaje cotidiano no solo sirve para comunicarnos, también refleja cómo pensamos, cómo nos sentimos y cómo enfrentamos la vida diaria | Foto: Freepik

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“Estoy bien”: cuando el cuerpo y la mente dicen otra cosa

Una de las frases más comunes es “estoy bien”. Aunque parece una respuesta neutra, la psicología explica que muchas veces se utiliza para evitar hablar de lo que realmente se siente.

Decir “estoy bien” de forma automática puede generar desconexión emocional. Cuando se ignoran señales internas como cansancio, estrés o irritabilidad, también se descuidan hábitos básicos de autocuidado. Comer ligero y saludable, por ejemplo, ayuda a mantener niveles de energía estables y favorece una mejor conexión entre cuerpo y emociones.

“Todo es mi culpa”: la carga emocional que se acumula

Otra expresión frecuente es “todo es mi culpa”. Esta frase refleja una tendencia a asumir responsabilidades que no siempre corresponden y a mantener una autoexigencia constante.

Desde la psicología, este tipo de pensamiento puede provocar desgaste emocional continuo. En estos casos, pequeños ajustes diarios pueden marcar diferencia. Comer de forma ligera, con horarios regulares y alimentos sencillos, contribuye a reducir la sensación de pesadez física, lo que también influye en una percepción emocional más equilibrada.

Asumir errores es parte del crecimiento, pero castigarse de manera permanente afecta tanto el estado mental como el físico.

Decir "todo es mi culpa" refleja una tendencia a asumir responsabilidades que no siempre corresponden | Foto: Freepik

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“No soy lo suficientemente bueno”: baja autoestima y autoevaluación constante

La frase “no soy lo suficientemente bueno” suele estar ligada a una visión negativa de uno mismo. Aparece cuando el valor personal se mide solo por resultados o expectativas externas.

La psicología señala que repetir este tipo de mensajes internos refuerza la insatisfacción personal. En contraste, adoptar hábitos que prioricen el bienestar, como comer ligero y saludable, puede ayudar a mejorar la relación con el propio cuerpo y a generar una sensación de cuidado personal que impacta en la autoestima.

No se trata de cambiar la apariencia, sino de favorecer un funcionamiento diario más amable y sostenible.

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Por qué estas frases se repiten en personas infelices

Las personas que atraviesan periodos de infelicidad suelen repetir frases que refuerzan pensamientos automáticos negativos. Expresiones como “estoy bien”, “todo es mi culpa” o “no soy lo suficientemente bueno” reflejan estados internos no resueltos.

Detectar estas frases permite abrir un espacio de reflexión. A partir de ahí, es posible incorporar cambios prácticos, como mejorar la alimentación diaria con comidas ligeras, balanceadas y fáciles de digerir, que ayuden a reducir el malestar físico y emocional.

El bienestar no depende de un solo factor. La psicología explica que el lenguaje interno, las rutinas y la alimentación están conectados. Comer ligero y saludable no busca adelgazar, sino apoyar al cuerpo para funcionar mejor, evitar altibajos de energía y favorecer un estado mental más estable.

Cambiar la forma de hablarse, escuchar las emociones y cuidar lo que se come son acciones sencillas que, con constancia, pueden mejorar la forma en que una persona se siente y se relaciona con su entorno.

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