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Los bebés ya tienen expectativas sobre sus padres desde el primer año de vida, según estudio

A la edad de un año, basándose en las experiencias acumuladas durante sus primeros meses de vida, los niños anticipan si recibirán consuelo, atención o indiferencia.

Los bebés ya tienen expectativas sobre sus padres desde el primer año de vida, según estudio

Un descubrimiento científico arroja nueva luz sobre la complejidad de la mente infantil. Una investigación de la Universidad Reichman de Israel, retomada por Infobae, demostró que los bebés, incluso antes de pronunciar sus primeras palabras, ya han formado expectativas específicas sobre el comportamiento de sus padres. A la edad de un año, basándose en las experiencias acumuladas durante sus primeros meses de vida, los niños anticipan si recibirán consuelo, atención o indiferencia.

Este hallazgo redefine la comprensión del desarrollo emocional temprano y subraya la importancia crucial de las interacciones diarias en la construcción de la personalidad y la seguridad de un individuo.

La base del estudio: Observando el llanto y la respuesta

La investigación, publicada en la revista especializada Attachment & Human Development, analizó a 72 díadas de madre y bebé. Cuando los infantes tenían cuatro meses, los científicos registraron sus interacciones en el hogar. El foco principal fue examinar cómo las madres respondían al llanto de sus hijos: si lo hacían con una actitud tranquila y tranquilizadora, o si mantenían una postura más distante.

Este minucioso registro permitió a los investigadores establecer un vínculo entre el comportamiento materno temprano y las expectativas que los bebés manifestaban un año después.

Cómo se miden las expectativas en un bebé que no habla

La pregunta central era: ¿cómo se puede saber qué espera un bebé si no puede expresarlo con palabras? La respuesta fue ingeniosa. Los científicos utilizaron títeres de osos de peluche para representar dos tipos de cuidadores: uno que era receptivo y comprensivo, y otro que se mostraba insensible y distante.

Al observar con qué oso de peluche prefería interactuar el niño, los investigadores pudieron inferir sus expectativas. La elección del bebé era un reflejo directo de lo que había internalizado sobre el mundo y las figuras que lo cuidan.

Bebés /Foto: Canva

Dos caminos emocionales: Seguridad vs. independencia forzada

Los resultados del experimento revelaron dos patrones claros, directamente vinculados a la calidad de la respuesta materna durante los primeros meses.

  • La expectativa de la seguridad: Los bebés cuyas madres respondieron a su llanto de forma sensible y constante tendieron a elegir al oso de peluche receptivo. Estos niños habían desarrollado la expectativa de que el mundo es un lugar seguro y que sus figuras de apego actuarán de manera comprensiva. La doctora Tahli Frenkel, psicóloga clínica de la universidad, explica que esta dinámica “sienta las bases de la resiliencia emocional del niño”. Un cuidado constante moldea “la sensación de seguridad del bebé y su confianza fundamental”.
  • La expectativa de la incertidumbre: Por otro lado, los bebés que experimentaron respuestas inconsistentes o distantes al llorar mostraron indiferencia hacia el oso de peluche cuidador y prefirieron al insensible. Este comportamiento sugiere que el niño ha aprendido a no depender del consuelo externo y desarrolla una independencia temprana, pero basada en la incertidumbre.

El primer año: Una ventana crucial para el desarrollo

El estudio enfatiza que el primer año de vida es un período de extraordinaria importancia. No es un tiempo de simple desarrollo físico, sino una etapa en la que cada interacción cotidiana contribuye a formar el modelo interno del niño sobre las relaciones humanas.

Las conclusiones son claras para los padres y cuidadores. Las respuestas que se ofrecen al llanto y a las necesidades del bebé no son actos aislados. Son, en realidad, los ladrillos con los que se construye su futura capacidad para confiar, amar y relacionarse con los demás.

La investigación no busca generar culpa, sino ofrecer conocimiento: la consistencia, la atención y el apoyo en los primeros doce meses son una inversión fundamental en la salud emocional de toda la vida.

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