¿Comes por necesidad o por estrés? Aprende a diferenciar el hambre real de la emocional
Expertos en nutrición explican cómo distinguir cuándo el cuerpo realmente necesita comida y evitar comer por ansiedad.

¿Realmente tienes hambre o solo estás buscando consuelo en la comida? Esta es una pregunta que recomiendan hacerse especialistas en nutrición ante la creciente tendencia a comer en respuesta a emociones y no a una necesidad fisiológica. En momentos de estrés, cansancio o ansiedad, muchas personas recurren a los alimentos sin detenerse a analizar si su cuerpo realmente lo requiere.
¿Cómo diferenciarlos?
De acuerdo con un reporte de Infobae, la médica pediatra especialista en nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Irina Kovalskys, explicó que el hambre real es una respuesta biológica, regulada por la disminución de los niveles de glucosa en sangre y señales hormonales que despiertan la necesidad de alimentarse. Este proceso ocurre normalmente varias horas después de haber comido y se manifiesta de forma progresiva.

Sin embargo, no todas las veces que comemos se trata de hambre fisiológica. Kovalskys advierte que hay ocasiones en que las emociones, como la tristeza o el aburrimiento, pueden generar el impulso de ingerir alimentos, incluso si el estómago está lleno. En estos casos, es el cerebro quien busca alivio, activando circuitos de recompensa asociados al placer que encuentran en la comida una válvula de escape.
Señales de hambre emocional:
- Comer sin tener apetito, especialmente después de una comida.
- Buscar alimentos específicos (dulces, salados o crujientes) como consuelo.
- Dificultad para detenerse, a pesar de sentirse satisfecho.
- Sensación de culpa o frustración tras comer.
Recomendaciones:
Kovalskys recomienda adoptar estrategias para construir una relación más saludable con los alimentos, como respetar los tiempos entre comidas, evitar comer frente a pantallas, no usar la comida como consuelo, y ofrecer opciones nutritivas cuando el hambre sea auténtica.
Por su parte, la especialista en alimentación consciente Murcho sugiere repensar el acto de autocuidado.
“Cuando se tiene un antojo, tal vez lo que realmente se necesita es descanso, contacto humano o una pausa personal. Aprender a identificar esas necesidades puede ser clave para evitar el consumo impulsivo”.
Comprender la diferencia entre el hambre física y la emocional no solo favorece una alimentación más equilibrada, sino que también puede mejorar el bienestar emocional y prevenir la relación conflictiva con la comida.
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