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Libros, Café y Jazz: Trece años navegando en Tijuana

Esta pequeña librería de viejo en el Centro de la ciudad continúa abriendo sus puertas a todos. 

Tijuana, BC.- Oculta dentro uno de los pasillos de la calle Niños Héroes, uno de tantos que hay en la Zona Centro de Tijuana, este sábado cumple trece años la librería Libros, Café y Jazz abriendo sus puertas, tras tocar una campana discreta, a cualquier lector o aspirante a serlo.

Es en efecto una librería de barrio, y así le gusta que se le considere. Es a su vez una de las pocas librerías de viejo en Tijuana y, singularmente, alejada de los llamados focos culturales. Allí, como lo ha hecho desde que llegó a la ciudad hace más de cuarenta años, don Miguel Márquez recibe a todos.

Desde niño, don Miguel encontró su camino por el mundo librero.

Hombre de relativamente pocas palabras y de sencillez estoica, don Miguel ha sabido navegar por las aguas, con frecuencia demasiado, mansas del oficio de librero. Inició como vendedor ambulante en camiones, en el metro, por las calles, en centrales camioneras, iglesias, mercados, esquinas o donde sea que hubiera personas atrapadas por el tedio, pero dispuestas a ser rescatadas por un pedazo de lectura barato e interesante, antecedido por la rutina verbal del vendedor seguro de lo que oferta.

Libros, Café y Jazz no es el primer barco con el que navega Miguel Márquez en Tijuana. Sobre la calle Segunda vivió la década del noventa. Fue aquella sucursal a la que, cuenta el librero, el escritor Rubén Vizcaíno nunca más regresó tras irse molesto por golpear la cabeza con la campana de la puerta al entrar.

Oficio desde la niñez

El oficio le viene de niño, cuando descubrió que otros estudiantes necesitaban libros. La suerte lo llevó en la Ciudad de México de los sesenta a un lote barato de libros que luego les revendió. Ya no paró. Ahora es un Marco Polo librero que viaja a la capital cada tanto para visitar a proveedores que le surten de las maravillas que trae a una frontera de precios altos de literatura históricamente acaparada por un sector.

Antes que otros, don Miguel ya luchaba contra el sistema, contra un grupo que, para fortuna de los lectores, ha quedado relegado. Tiempo ha pasado desde aquella vez a principios de los noventa en la que aún con el beneplácito del Alcalde otros libreros lograron correrlo de la feria del libro que se realizaba en la explanada del Palacio Municipal.

“No me querían. Me miraban feo y todo lo que tú quieras. Era porque sencillamente yo traía libros baratos. Pues se enojaban”, cuenta Miguel.

Libros, Café y Jazz alberga a todo tipo de autores y géneros.

Un Aleph

En su librería es posible encontrar una miscelánea basta de autores y géneros, todos ellos esparcidos en un desorden alfabético que sirve como trampa para la curiosidad. Cosa rara es la sección dedicada al marxismo: Todo un estante de autores y de obras sobre las variantes del pensamiento de Marx que ya no se ven en otros lados. Sánchez Vázquez, Mao o Gramsci conviven con la pluralidad, pues basta con girar para encontrar a economistas como Milton Friedman o Adam Smith; a la vuelta están Borges, Faulkner, Rulfo y Elmer Mendoza. Pero también media habitación dedicada a autoras, un altar para descubrirlas. Poesía, fanzines, libros de arte o en inglés, todos ellos duermen allí.

Es el secreto mejor guardado en boca de todos, especialmente entre los estudiantes o los entusiastas de la lectura, que gracias a la vocación de don Miguel de mantener precios accesibles y alejados de la especulación, pueden obtener ejemplares que de otra forma les costarían tres o cuatro veces el precio.

A su modo, Libros, Café y Jazz es un espacio de resistencia ante la vorágine de los monopolios comerciales. Es también un espacio familiar, pues su hija Eréndira comparte el timón para llevarlo a la actualidad de las redes sociales y de las necesidades de los lectores contemporáneos. Es ella el secreto mejor guardado de don Miguel.

Miguel Márquez tiene más de 40 años trayendo libros a la frontera.

Del Nobel a San Quintín

La noche del martes 20 de octubre de 1982 nadie, ni el propio Gabriel García Márquez, sabía que al día siguiente la Academia sueca le anunciaría el Nobel, menos aún aquel proveedor que tenía un lote en remate de ejemplares defectuosos de El otoño del patriarca que Miguel había visto esa mañana. Si tan solo el jueves hubiera revisado una plana interior del periódico Excélsior que tenía al lado, habría dado cuenta que precisamente la portada de esa edición malograda del Patriarca apareció impresa celebrando al colombiano.

Naturalmente, don Miguel llegó temprano para llevarlos todos; tras repararlos se apresuró a subirse a los camiones para venderlos. Pues, ¿quién podría rechazar a un premio Nobel por diez pesitos de los de antes?

Libros, Café y Jazz ha sabido integrarse al mundo de las redes sociales a la vez que es un espacio tradicional. Fotos: Abdiel Ortega

Al mismo tiempo que ejerce de librero establecido, don Miguel ha viajado incansablemente igual que el gitano Melquíades para llevar la novedad del hielo en forma de literatura a lugares olvidados por las rutas comerciales. San Quintín, donde se desmiente eso de que no hay nada más viejo que el periódico de ayer, él encontró que ediciones viejas de los diarios eran recibidas como recién impresas y cualquier papel en blanco y negro era objeto del deseo. O Nogales, donde los migrantes de paso también tienen necesidades lectoras; llegó a plantearse establecerse allí: No solo había compradores, también aquellos famosos ojos negros de Sonora.

Tanto si se la recomendaron, o lleva tiempo buscando un libro, o llegó para decir “solo estoy viendo, gracias”, Libros, Café y Jazz es el agüero del conejo que lo llevará al País de las Maravillas, la plataforma 9¾ del tren hacia la magia. Solo tiene que ir a la calle Niños Héroes, entre Tercera y Cuarta, y entrar al pasillo bajo el letrero amarillo. No olvide tocar la campana.

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