México y Chile unidos por el arte: El mural de González Camarena
México y Chile, que firmaron en 1831 un tratado en el que establecieron que la amistad entre ambas naciones será 'perpetua', poseen fuertes lazos desde hace décadas que se ven refrendados, entre otras muchas manifestaciones, en el arte.
Reconocida es la popularidad que tiene la música mexicana en Chile, en particular en el Sur del país, donde casi tiene el estatus de folclore local.
Feliz coincidencia o fruto del inexorable destino, las grandes obras de los muralistas mexicanos en Chile se encuentran en la misma zona.
A los murales de los mexicanos David Alfaro Siqueiros y Xavier Guerrero en la Escuela México de Chillán, los que datan de 1942, se une la monumental obra de su compatriota Jorge González Camarena en la Casa del Arte 'José Clemente Orozco' de la Universidad de Concepción, la que se convirtió en un símbolo artístico de la ciudad.
'Presencia de América Latina', pintada con acrílico sobre estuco áspero, tiene 250 metros cuadrados y fue realizada por González Camarena entre noviembre de 1964 y abril de 1965 en esta ciudad distante 520 kilómetros al sur de Santiago, en la capital de la Región del Biobío.
Declarado Monumento Histórico Nacional en 2009, el mural nació, al igual que las obras de Siqueiros y Guerrero, tras un terremoto, pero esta vez fue tras el fuerte sismo del 21 de mayo de 1960 que devastó a una parte del sur de Chile.
Tal y como ocurrió en Chillán a principios de la década de los años 40, el gobierno mexicano de la época, encabezado por el presidente Adolfo López Mateos (1958-1964), manifestó su interés de colaborar con la reconstrucción del país.
Como un reconocimiento al aporte de la Universidad de Concepción, el gobierno mexicano financió la construcción de la Casa del Arte en los terrenos donde hasta el terremoto, y posterior incendio, estaba la Escuela Dental.
Tres fueron los arquitectos que participaron en el proyecto para construir el edificio, dos de los cuales tuvieron una muerte trágica: Javier Gutiérrez, quien falleció como guerrillero en Bolivia en 1972, y Alejandro Rodríguez quien fue un detenido y desaparecido más de la dictadura (1973-1990), cuyo rastro se perdió en 1976.
Fue el propio González Camarena quien sugirió la realización en el edificio del mural, que tiene como motivo la unidad y fraternidad de los pueblos americanos, tarea que emprendió junto a sus compatriotas Manuel Guillén, Salvador Almaraz y Javier Arévalo y los chilenos Albino Echeverría y Eugenio Brito.
Crónicas de la época aseguran que el artista mexicano llegó a Chile con un modelo del mural, pero éste sufrió algunos cambios durante su realización en terreno, fruto de improvisaciones de sus colaboradores que fueron 'supervisadas' por González Camarena.
La obra, cuyas imágenes de algunas mujeres están inspiradas en la modelo mexicana Victoria Dorantes, está dividido en cuatro partes: la central, de 20 metros de largo por seis de alto; las dos laterales de 7.6 metros de largo por seis de alto, y una escalera que lleva al segundo piso del edificio.
El mural, que debe 'leerse' de derecha a izquierda, tiene, entre muchas otras, imágenes de la América precolombina, como un panteón azteca; Tláloc, el dios de la lluvia, y Quetzalcóatl, que simboliza la cultura y que se encuentra en la escalera hacia el segundo piso.
En su parte superior, la inspiración del premio Nobel de Literatura chileno Pablo Neruda: '... y no hay belleza como esta belleza/de América extendida en sus infiernos/en sus cerros de piedra y poderío/y en sus ríos atávicos y eternos...'.
Fue el mismo Neruda quien dijo, tras conocer la monumental obra, que se quedó 'asombrado' y 'estupefacto' con ella, luego de lo cual señaló que Siqueiros y González Camarena 'deben ser amados y venerados por los chilenos' y que 'el mural tiene esa reposada belleza de lo que permanecerá viviendo más allá de nuestras vidas'.
El tema central del mural, que fue inaugurado en septiembre de 1965, es la fusión de las razas, la que está representada por tres rostros monumentales ensamblados y superpuestos, a los cuales se suma un gran rostro rojo que simboliza la raza americana y una mujer desnuda que representa a Latinoamérica.
También están en el mural las banderas de todos los países de América Latina, donde la chilena está acompañada por el cóndor y la mexicana por el águila y la serpiente, además de un nopal entrelazado con el copihue, flor nacional de Chile.
El restaurador mexicano Carlos Alberto Trigueros, que participó en la restauración del mural tras el terremoto de febrero de 2010 y que se quedó a vivir en Chile, dijo a Notimex que 'la importancia de la obra radica en los fuertes vínculos entre los dos países'.
'La temática del mural tiene que ver con los dos países y refuerza la hermandad que tiene que haber entre los países de Latinoamérica. Tiene también una importancia artística por la paleta de color que tiene González Camarena', comentó.
A ello se suma, a juicio de Trigueros, 'la forma y el estilo que tiene González Camarena para pintar, porque aquí en Chile es muy diferente la forma que existe para pintar. González Camarena trajo una escuela distinta, él dejó un legado en este país'.
Una placa firmada por el entonces presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz en septiembre de 1965 asegura que Chile y México son 'dos pueblos geográficamente lejanos y espiritualmente unidos por su fe en América, en la concordia universal y la paz del mundo', lo cual quedó plasmado para siempre en el arte mexicano en Chillán y Concepción.
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