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Eiza González manda fuerte mensaje sobre su lucha contra los trastornos alimenticios desde que tenía 13 años: “no ha sido fácil”

La actriz mexicana abrió su corazón para hablar sobre la dismorfia corporal y la presión de la industria, enviando un mensaje de esperanza a quienes luchan en silencio.

Eiza González manda fuerte mensaje sobre su lucha contra los trastornos alimenticios desde que tenía 13 años: “no ha sido fácil”

CIUDAD DE MÉXICO.- La imagen en la alfombra roja suele ser sinónimo de glamour y perfección, pero detrás de esa fachada, muchas celebridades enfrentan batallas internas que el público desconoce. Es el caso de la actriz mexicana Eiza González, quien ha decidido compartir un capítulo muy personal de su vida: la prolongada lucha contra los trastornos alimenticios y la dismorfia corporal que padeció desde su infancia.

Lejos de los reflectores de Hollywood, la también cantante se sinceró sobre el origen de su conflicto con el espejo y la báscula, un problema que, según estadísticas oficiales, afecta a millones de jóvenes en México y el mundo. Con este testimonio, González no solo busca visibilizar una realidad compleja, sino también tender una mano a aquellos lectores que hoy puedan estar atravesando por una situación similar.

¿Cómo inició la lucha de Eiza González con su imagen corporal?

El conflicto de Eiza con su cuerpo no surgió de la noche a la mañana, sino que se gestó en un terreno fértil de dolor y exposición mediática. La actriz relata que todo se detonó tras la repentina muerte de su padre. Enfrentando un duelo no resuelto y una profunda depresión, encontró en la comida un refugio temporal para calmar su angustia.

Fue durante la pubertad, a los 13 años, cuando este mecanismo de defensa se tradujo en un aumento de peso significativo de aproximadamente 13 kilos. Sin embargo, el punto de quiebre llegó a los 15 años, justo cuando dio sus primeros pasos en el mundo del espectáculo.

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El peso de la crítica pública

Integrarse al medio artístico siendo una adolescente significó quedar expuesta a un escrutinio despiadado. Eiza recuerda cómo cada fotografía era analizada y criticada, un bombardeo constante que alimentó una peligrosa dismorfia corporal. En esa etapa, la percepción que tenía de sí misma se distorsionó por completo.

Su valor personal empezó a depender exclusivamente de los números en la báscula. La obsesión por perder peso se convirtió en una meta diaria, con la falsa creencia de que, si lograba encajar en un molde físico específico, finalmente ganaría la aceptación y el cariño que buscaba. Este círculo vicioso es un síntoma clásico de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), donde la persona busca controlar su entorno a través de su cuerpo.

¿Cómo logró la actriz superar la dismorfia corporal?

El camino hacia la recuperación no ha sido lineal ni sencillo. La actriz enfatiza que se trata de un proceso continuo, pero que hoy, gracias al apoyo profesional, ha logrado transformar su mentalidad. Ya no se trata de cumplir con expectativas externas, sino de priorizar su salud y bienestar general.

Para ello, Eiza se apoya en tres pilares fundamentales que pueden servir de guía para cualquier persona:

  1. Reconocer el poder de la mente: Entender que es posible cambiar patrones de pensamiento destructivos a través de la voluntad y la terapia.
  2. Establecer un compromiso personal: Aprender a nutrir el cuerpo con amabilidad y respeto, dejando de verlo como un enemigo y reconociéndolo como un vehículo para vivir.
  3. Buscar la validación interna: El cambio más importante fue descubrir que la única aprobación que realmente importa y llena es la que uno mismo se otorga.

El mensaje de Eiza para quienes sufren trastornos alimenticios

Al final de su reflexión, Eiza González quiso dirigirse directamente a sus seguidores y a todas las personas que puedan estar luchando en silencio. Su mensaje es claro: nunca es tarde para elegirse a uno mismo.

La actriz invitó a honrar el cuerpo, pero por las razones correctas: por lo que nos permite hacer, por su fuerza y su capacidad, no por cómo se ve frente al espejo. Con esta honestidad, González reafirma su orgullo por el trabajo interno realizado para romper con esos viejos patrones y abrazar, por fin, su versión actual.

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