Blackstar cumple 10 años: el álbum con el que David Bowie planeó su propia despedida
El último regalo del camaleón del rock: una obra final tan oscura como brillante.

El 8 de enero de 2016, día en que David Bowie cumplía 69 años, el mundo recibió ★ (Blackstar), un disco desconcertante, elegante y profundamente inquietante.
Dos días después, el 10 de enero, el músico británico murió a causa de cáncer. Lo que parecía un regreso artístico más se transformó, con el paso de las horas, en una revelación devastadora: Bowie había convertido su despedida en una obra de arte perfectamente calculada.
Hoy, a 10 años de su lanzamiento, Blackstar sigue siendo una de las despedidas más impactantes y conscientes en la historia de la música popular.
Un sonido que rompió expectativas
Grabado en secreto en Nueva York entre enero y mayo de 2015, Bowie decidió alejarse del rock que lo había consagrado y apostó por un sonido inesperado. Se rodeó de músicos de jazz experimental, encabezados por el saxofonista Donny McCaslin, y construyó un disco oscuro, denso y desafiante.
Lejos del glam, Blackstar mezcla jazz contemporáneo, atmósferas sombrías, electrónica y una agresividad moderna que algunos críticos compararon con artistas como Kendrick Lamar o Death Grips. El resultado: siete canciones en 41 minutos que suenan como un mensaje cifrado desde el umbral de la muerte.
Canciones que hoy se escuchan distinto
Cada tema de Blackstar cobra un significado especial con el contexto del adiós:
• “Blackstar”, con más de 10 minutos, funciona como un ritual oscuro: un astronauta muerto, símbolos religiosos y un cráneo enjoyado que muchos interpretan como el fin definitivo de Major Tom.
• “Lazarus” es el corazón emocional del disco. “Mírenme aquí arriba, estoy en el cielo”, canta Bowie mientras en el video aparece postrado en una cama de hospital. El clip se estrenó apenas tres días antes de su muerte.
• “Girl Loves Me” combina humor negro, jerga inventada y confusión temporal, como si la realidad comenzara a disolverse.
• “I Can’t Give Everything Away”, la última canción, suena hoy como la frase final que Bowie decidió dejarnos.
Una despedida cuidadosamente diseñada
Nada en Blackstar fue casual. La portada, creada por Jonathan Barnbrook, muestra una estrella negra que, al descomponerse, forma la palabra BOWIE. Los videos, los símbolos, las letras y hasta el silencio previo al lanzamiento apuntaban a un mismo lugar.
Cuando se confirmó que Bowie había grabado el disco sabiendo que estaba enfermo, el rompecabezas se completó: Blackstar no fue solo un álbum, fue un testamento artístico.
Diez años después, la estrella sigue brillando
A una década de distancia, Blackstar continúa siendo analizado, reinterpretado y homenajeado. Ganó premios Grammy, encabezó listas de los mejores discos de la década y se mantiene como referencia obligada cuando se habla de arte, muerte y despedida.
Como dijo su productor de toda la vida, Tony Visconti:
“Su muerte no fue distinta de su vida: fue una obra de arte”.
Hoy, al volver a escucharlo, Blackstar duele, acompaña y consuela.
Porque David Bowie no se fue en silencio.
Se fue brillando como una estrella negra.
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