Mexicanos le “sacan la vuelta” a los autos eléctricos y eligen regresar a los motores tradicionales: Aquí las razones del por qué
Este cambio no se debe a un rechazo a la innovación, sino a una evaluación cuidadosa de costos, infraestructura disponible y el contexto económico global.

Mientras el mundo habla de transición energética, el comprador mexicano está tomando decisiones basadas en un pragmatismo contundente: precios accesibles, tecnología conocida y adaptación a sus condiciones reales de manejo.
El EY Mobility Consumer Index 2025, un estudio global realizado por la firma EY que analiza las tendencias de movilidad en múltiples países, incluido México, muestra que la preferencia por los vehículos con motor de combustión interna ha repuntado significativamente.
Este cambio no se debe a un rechazo a la innovación, sino a una evaluación cuidadosa de costos, infraestructura disponible y el contexto económico global.
El perfil del comprador actual: prudencia sobre impulso
Comprar un auto en México ya no es una decisión impulsiva. Según el estudio, el proceso ahora implica comparar más, posponer la compra y discutirla en familia.
Se trata de una decisión meditada, donde entran en juego variables financieras, prácticas y hasta geopolíticas.
Aunque el 65% de los consultados en México planea adquirir un vehículo en los próximos dos años, lo que demuestra que la intención de compra se mantiene sólida, sus preferencias están cambiando de forma notable.
La transición hacia nuevas formas de movilidad no es lineal y combina avances con pausas y, según estos datos, con algunos retrocesos en las preferencias declaradas.
La sorprendente reactivación de la combustión
La cifra más reveladora del estudio es clara: el 60% de los potenciales compradores en México prefiere ahora un vehículo de combustión interna. Esto representa un aumento considerable frente al 47% registrado en el estudio del año anterior.
Este regreso no responde a la nostalgia por la tecnología tradicional, sino al pragmatismo puro.

Los motivos principales de los consumidores son:
- Un precio inicial menor en comparación con las alternativas electrificadas.
- Mayor familiaridad con la tecnología y su mantenimiento.
- Mejor adaptación percibida a las condiciones de manejo y geografía de México, especialmente en el caso de las SUV y las camionetas pick-up.
En el lado opuesto, las tecnologías alternativas pierden impulso en la preferencia del consumidor:
- Los vehículos híbridos caen a un 23% de preferencia, desde el 32% del año pasado.
- Los vehículos totalmente eléctricos también enfrentan mayores reservas.
El interés por una movilidad más limpia persiste, pero choca con barreras prácticas.
El estudio identifica que el 40% de los potenciales compradores de autos eléctricos en México ha reconsiderado o pospuesto su decisión debido a “disrupciones geopolíticas”.
Este término engloba problemas en las cadenas de suministro, una menor producción global y aranceles comerciales que impactan en el precio y la disponibilidad.
La falta de infraestructura de carga sigue siendo el principal freno para la adopción masiva del auto eléctrico en México.
La ansiedad por la autonomía (el temor a quedarse sin batería) y la escasez de cargadores públicos pesan más que los beneficios ambientales o los ahorros a largo plazo en combustible.
Este problema se agrava por la realidad habitacional del país: más de la mitad de los hogares mexicanos tiene una superficie menor a 100 metros cuadrados, lo que hace que la instalación de un cargador doméstico no sea siempre viable técnica o económicamente.

Las preferencias por el origen de las marcas también están cambiando:
- Las marcas de la región Asia-Pacífico (excluyendo a China) mantienen un dominio sólido, con una preferencia del 83%.
- Las marcas chinas continúan su ascenso, alcanzando un 17% de preferencia (seis puntos más que en 2024), impulsadas por precios competitivos y un mayor equipamiento tecnológico de serie.
- Las marcas estadounidenses ven disminuir su preferencia al 61%, desde un 66% el año anterior. No es un desplome, pero sí una señal de que el consumidor mexicano se siente menos atado a un origen específico y compara con más elementos.
El concesionario físico pierde centralidad, pero no desaparece. Solo el 44% de los compradores prefiere cerrar la operación de manera totalmente presencial, una cifra muy por debajo del 65% de 2024.
- El canal en línea gana terreno y concentra el 28% de la preferencia.
- Un 28% adicional opta por un proceso híbrido, que combina la investigación y gestión digital con el cierre o entrega física.
El consumidor mexicano prioriza la tecnología útil y confiable. Muestra una mayor disposición a pagar por:
- Sistemas de navegación en tiempo real.
- Características de seguridad avanzada (como frenado automático de emergencia).
- Sistemas de mantenimiento predictivo.
Por el contrario, muestra escepticismo frente a funciones de conducción autónoma avanzada (nivel 3 o superior). La mayoría se siente cómoda con sistemas de asistencia al conductor de nivel 2 (como el control de crucero adaptativo y el centrado en el carril), ya que niveles superiores aún generan desconfianza y se perciben como menos necesarios para las condiciones locales.
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El mercado mexicano de autos está en un momento de reevaluación práctica. El consumidor, más informado y cauteloso, está eligiendo lo que considera seguro, accesible y adaptado a su realidad inmediata, incluso si eso significa dar un paso lateral en el camino global hacia la electrificación.
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