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Columnas

Y sin embargo Don Quijote cabalga de nuevo

Disiento de los seguidores del Presidente que no ven errores ni problemas de fondo.

Por Nicolás Pineda

Siento mucho no estar de acuerdo con aquellos estimables amigos míos que ven todo mal en el actual Gobierno de López Obrador y que vamos directo a la debacle. También disiento de los seguidores del Presidente que no ven errores ni problemas de fondo. Más bien, usando una analogía algo forzada, veo al presidente López Obrador como una especie de Don Quijote tabasqueño, una persona honesta con grandes ideales que piensa que él personalmente es la solución a los problemas nacionales. Su visión del mundo actual es muy particular y tiene resabios de otros tiempos: “Liberales y conservadores”, “guardia nacional”, rescatar el petróleo, construcción de trenes; con una visión estatista que suena a libros de caballerías y de caballeros andantes. Su dicho más famoso, “me canso, ganso”, es de Tin Tán, un personaje del cine mexicano de los años cincuenta del siglo pasado.

Desfaciendo entuertos

Desde su campaña, este caballero andante ha recorrido el País. Como el Quijote declara: “Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?”.

Entre los entuertos que ha deshecho está el del huachicoleo, un problema que antes no veríamos y que él detectó y nos enseñó como clave para comenzar su obra de Gobierno. Esperemos que sea algo que perdure y no se renueve con nuevos bríos una vez que él ya no esté en el poder.

Su agenda contra la corrupción, con todo y que parece ser la más exitosa, no se basa en instituciones ni en controles y contrapesos, sino en el voluntarismo personal. “Se acabó”. Sin, embargo, su lucha contra la corrupción tiene límites. Al igual que el Quijote parece decir: “Y ¿dónde has visto tú, o leído jamás, que caballero andante haya sido puesto ante la justicia, por más homicidios que hubiese cometido?”. De este modo, no persigue los actos de corrupción del pasado y está por verse si persigue con justicia los del presente. En cambio, parece haber rescatado a varios que se consideraban corruptos convictos como diciendo: “Aun entre los demonios hay algunos que lo son más que otros, y entre muchos hombres malos suele hallarse uno bueno”.

Los molinos de viento que son gigantes

Su duelo determinante es contra los gigantes de la violencia y la criminalidad, así como contra la pobreza y la recesión económica.

Contra el crimen, a pesar de su desconfianza en las instituciones ajenas, está construyendo su propia institución de la guardia nacional, que suena a lo mismo que antes, pero con su propio toque quijotesco. Habrá que esperar seis meses o tres años para ver si da resultados y si la guardia nacional funciona como se espera y logra las metas propuestas.

Pero su peor gigante es la economía. Tiene el reto de reducir la pobreza y avanzar en la igualdad social, sin desestimular la inversión privada y descomponer el mercado. De su lucha contra este gigante depende todo su Gobierno y su misión. No vaya a terminar como don Quijote cuando es recibido por unos duques en su palacio para burlarse de él o como cuando es derrotado por el falso Caballero de la Blanca Luna y don Quijote recupera la visión del mundo actual y termina pidiendo perdón por los daños causados.

Coincido mucho con los ideales de justicia del Quijote mexicano, aunque dudo de sus métodos y estrategias. Mi mejor deseo es que tenga éxito y que no nos deje peor que como estábamos. Porque como dice el Quijote: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es ni utopía ni locura, es justicia”. Pero como dice Sancho: “Del dicho al hecho hay un gran trecho”. Esperemos que “nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana”.

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