No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Vía libre

Vivir con el Covid es vivir a la defensiva

La sensación de que estamos en zona de peligro se volvió real cuando se presentaron casos de amigos y conocidos cercanos.

Las balas sonaban lejos hace unas cuantas semanas; creíamos que nunca nos afectaría personalmente o que no se contagiaría algún miembro de nuestro círculo familiar o amistoso. Llamaban la atención los cifras que proporcionan tanto el doctor López-Gatell como el secretario estatal de Salud. Mientras la danza de contagiados y fallecidos parecía lejana, nos complacía estar aprendiendo conceptos epidemiológicos y hablar del asunto como si fuéramos verdaderos expertos. Las noticias sobre el Covid-19 se procesaban igual que los episodios de guerra ocurridos en un lejano país de Asia o África: Con cierta indiferencia.

Ese ánimo empezó a cambiar hace unos días. En primer lugar, no hubo manera de disimular el pasmo causado al saber que varios gobernadores habían dado positivo a la prueba. Luego nos enteramos de que altos funcionarios del Gobierno federal habían contraído la enfermedad; después trascendió que la alcaldesa de Hermosillo también se había contagiado y dos secretarios de la administración estatal, el del Trabajo y el de Desarrollo Social, estaban en la misma condición. Por si fuera poco, cuatro o cinco legisladores locales informaron a través de sus redes sociales que habían pasado a formar parte de la espantosa numeralia. Hasta entonces empezamos a abrir los ojos y aceptar la gravedad de la epidemia.

La sensación de que estamos en zona de peligro se volvió real cuando se presentaron casos de amigos y conocidos cercanos. Enterarnos causa un estremecimiento anímico por momentos inmanejable. Por ejemplo, por primera vez el médico que atiende a familiares no pudo responder a un llamado para consulta debido a que padecía los severos síntomas del virus. Realmente fueron conmovedoras las palabras utilizadas por el galeno para disculparse por desatender el llamado de uno de sus pacientes. Dijo, palabras más palabras menos, que los trastornos causados por el Covid eran lo peor que le había pasado en su vida; que no se los deseaba a nadie.

En esos mismos días nos enteramos de que un colega de la academia sufrió ese mal. Cómo se contagió no está claro dado que cumplía a cabalidad el resguardo domiciliario recomendado por las autoridades sanitarias, lo que confirma que nadie está exento de contraer el innombrable virus que hoy tiene asustado al mundo entero y a gente que conocemos y queremos.

Otro caso lo conocimos apenas ayer por la mañana. Se trata de la señora que nos apoya en los quehaceres domésticos; hace tres meses acordamos que ya no se presentaría a fin de evitarle cualquier riesgo. Pese a ello, su esposo y ella se han contagiado y aunque su situación es estable naturalmente están asustados y no saben bien a bien cómo proceder; la ansiedad y la congoja se han apoderado de ellos.

Son tres casos cercanos que revelan el nivel de propagación alcanzado por el Covid-19. Sirven de ejemplo para renunciar ya a los desplantes de despreocupación y desparpajo con los que hasta hace unas pocas semanas nos comportábamos frente a la pandemia. Es un momento en el que las balas del Covid no resuenan lejos sino muy cerca, amenazadoramente cerca, tanto que ya no es imposible sino, por el contrario, altamente probable que la propagación viral finalmente llegue a ti o mí. Con ese telón de fondo, con ese temor y cuidado debemos vivir los próximos meses mientras se descubra el antídoto efectivo. Hasta entonces no hay de otra más que extremar las precauciones y acostumbrarnos a vivir a la defensiva. 

CAB DESCANSO:

Caborca en llamas

Originalmente el tema de esta columna era analizar la balacera registrada en la Perla del Desierto la semana pasada. La idea era reflexionar sobre el ambiente de incertidumbre causado por el enfrentamiento entre bandas que se disputan la plaza y destacar que esos hechos agravan el de por sí complicado momento que vive el Municipio que ha sufrido una considerable pérdida de puestos de trabajo derivado de la pandemia. Volveremos más adelante sobre ese tema.

Alvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.

Comentarios