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Columnas De política y cosas peores

Vías de la transformación

Pienso que en México el combate contra las prácticas financieras corruptas está en muy buenas manos: Las de Santiago Nieto.

Por Catón  

Jamás imaginó Liriola que su esposo Pitorrango le saldría tan cachondo. Todos los días le pedía sexo, y a veces ni siquiera se lo pedía: Simplemente lo tomaba aprovechando que ella estaba en el lecho, acostada en decúbito prono, o inclinada sobre la lavadora. Era insaciable Pitorrango; parecía toro semental. Por efecto de esas continuas solicitaciones su pobre mujer andaba toda escuchimizada, lasa y lánguida, como si la aquejara algún extraño mal semejante a aquél que Horacio Quiroga describió en su macabro cuento "El almohadón de plumas". Al ver que se le estaba yendo el aliento de la vida la infeliz acudió a la consulta de un médico de fama. Después del correspondiente examen clínico, y tras interrogar in extenso a la paciente, el sabio facultativo concluyó que la causa del agotamiento de Liriola eran las constantes demandas eróticas de su marido, que a más de ser cotidianas exigían notable esfuerzo físico. Sucede que el tal Pitorrango tenía más imaginación que el autor del Kama Sutra para inventar posiciones y posturas, algunas de ellas tan exóticas como la llamada "gavilán en vuelo", en la cual el hombre se pone de pie junto a la cama; la mujer, entonces. (Nota de la redacción. Nuestro estimado colaborador se extiende por dos fojas útiles y vuelta en la descripción pormenorizada de esta posición sexual, descripción que, aunque sumamente interesante, nos vemos en la penosa necesidad de suprimir por falta de espacio). Advierto, sin embargo, que me estoy apartando del relato. Vuelvo a él. El doctor le dijo a Liriola: "Si quiere usted salvar la vida debe pedirle a su marido que reduzca sus demandas amorosas. Son tan intensas y frecuentes que sospecho que el señor está tomando las miríficas aguas de Saltillo. Sólo esas taumaturgas linfas son capaces de dar al varón tales arrestos. En el futuro haga usted el amor solamente los lunes, miércoles y viernes, pues si mantiene el ritmo actual dejará la existencia en el colchón". Liriola, fiel a la prescripción del médico, le dijo esa misma noche a Pitorrango: "En adelante haremos el amor solamente tres veces por semana". "Muy bien -admitió él-. Entonces en adelante vendré a la casa únicamente cada tercer día". ¡Verraco!... La lucha contra la corrupción no se debe corromper. Esa frase la habría rubricado gustosamente el filósofo de Güemez, simpático personaje de la cultura popular tamaulipeca encarnado en aquel hombre bueno y generoso que fue Ramón Durón, amigo inolvidable tan tempranamente ido. Pienso que en México el combate contra las prácticas financieras corruptas está en muy buenas manos: Las de Santiago Nieto. En los tratos habidos entre Emilio Lozoya y la empresa Altos Hornos de México hay indicios que justifican la investigación iniciada por la Secretaría de Hacienda y las medidas preventivas que se han tomado ya. Dicha investigación, empero, ha de llevarse a cabo con estricto apego al orden jurídico, de modo que no la contamine la política ni sea mera propaganda útil al régimen. Sabemos que en el pasado las prácticas viciosas eran muy practicadas. Sacar a la luz esas corruptelas, evitar que la impunidad siga favoreciendo a los culpables y devolver a la Nación lo que le fue robado constituyen medidas positivas. Realizadas en términos de ley esas acciones mostrarán que el País está en vías de una efectiva y real transformación. Don Ultimio pasó a mejor vida, y al punto su compadre Pijaleón empezó a trabajar el punto con la viuda. A la salida del panteón le dijo: "¡Qué guapa se ve usted de luto, comadrita!". Respondió ella enjugándose las lágrimas: "Y eso que el negro no me favorece nada". FIN.

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