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Columnas Jorge Ramos

Venezuela, ¿a dónde vas?

Al final -y esto no falla- todos los dictadores caen. Pero no caen solos; hay que empujarlos. 

Por Jorge Ramos

Hace poco más de un año, en Caracas, el dictador venezolano Nicolás Maduro nos robó una entrevista y todo nuestro equipo de filmación. Hoy, todavía, no nos ha regresado nada. Pero vale la pena ver qué ha cambiado -y qué no- en Venezuela en los últimos 12 meses.

 

Así como he hecho con decenas de líderes en todo el mundo, el lunes 25 de febrero de me senté en el Palacio de Miraflores para conversar con Maduro. Sabía que iba a ser un encuentro difícil; no todos los días se entrevista a un dictador acusado de realizar un fraude electoral: Más de medio centenar de países, incluido Estados Unidos, no reconocieron los resultados de las elecciones de mayo de 2018, en las que resultó reelegido, y prefirieron apoyar al líder de la oposición, Juan Guaidó, como presidente interino de la nación. Por eso decidí confrontarlo desde la primera pregunta: “Usted no es el presidente legítimo. Entonces ¿cómo le llamo? Para ellos (la oposición) usted es un dictador”.

 

La entrevista duró 17 minutos. Además de su falta de legitimidad, lo cuestioné sobre la detención de cientos de prisioneros políticos y el fracaso de la Revolución bolivariana. El país se desmorona con una hiperinflación desbordada y una deuda externa colosal. Casi cinco millones de venezolanos han huido de su país por la corrupción, el hambre, la violencia y el colapso del sistema de salud.

 

Al final le mostré a Maduro un video que yo grabé con mi celular de tres venezolanos comiendo de un camión de basura. Claro, esto se puede ver en muchos países del mundo. Pero en Venezuela va en contra de la narrativa oficial de que el Gobierno chavista protege a los más desamparados. Y ahí el dictador se quebró.

 

Maduro se levantó de su silla, dio por terminada la entrevista y su ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez -argumentando que esa entrevista “no estaba autorizada”- le ordenó a sus agentes confiscar las cámaras de Univision, todo nuestro equipo y las tarjetas de video.

 

Nunca en mi carrera me habían robado una entrevista, ni detenido y cacheado por dos horas junto con otros seis periodistas de Univision, ni despojado por la fuerza de mi celular y mochila, ni deportado del país al día siguiente, solo por hacer preguntas difíciles. Afortunadamente, la entrevista no se perdió. En junio pasado obtuvimos, de fuentes confidenciales, una copia que había sido filmada simultáneamente a la nuestra por funcionarios del Gobierno venezolano.

 

¿Qué ha pasado desde entonces en Venezuela? Aunque la crisis venezolana se acentúa, Maduro sigue en el poder. Los militares -el principal pilar de su dictadura- aún lo apoyan. Y la clase gobernante y sus aliados financieros están tan involucrados en ese colapso que temen perderlo todo con un cambio de Gobierno.

 

Ni las sanciones económicas de Estados Unidos y otros países, ni las protestas en las principales ciudades de Venezuela han ocasionado la caída del régimen. Maduro se aferra al poder mientras la tragedia humanitaria continúa y la represión de su Gobierno se mantiene férrea: Según un informe de la alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, el gobierno de Maduro ha criminalizado a la oposición, encarcelado y torturado a disidentes y, solo en 2019, cuando surgieron manifestaciones sociales multitudinarias, murieron 5 mil 286 personas por “resistirse a la autoridad”. Y la oposición no ha sabido descifrar este estancamiento.

 

El propio Guaidó recientemente reconoció que habían subestimado al régimen. Como resultado, la oposición arrastra dos fracasos importantes:

El intento infructuoso en febrero de 2019 de distribuir ayuda humanitaria internacional en Venezuela a pesar de la negativa del Gobierno a recibirla (quedó atorada en un puente de Colombia) y el levantamiento militar fallido del 30 de abril de ese mismo año (según consta, algunos de los presuntos conspiradores se arrepintieron de participar en el último minuto). “Subestimamos en algún momento la capacidad de hacer mal, de destruir a nuestro país, de perseguir”, me dijo Guaidó en referencia al régimen.

 

El problema se podría hacer aún más grande si se consideran alternativas apresuradas. Como una invasión militar liderada por Estados Unidos. Sería un gran error. El historial de las intervenciones estadounidenses en América Latina no ha tenido buenos saldos. Como muestran los casos de Guatemala en 1954 o de Chile en 1973, la intervención de Estados Unidos no contribuyó a fortalecer las democracias y sí derivó en la instauración de largas dictaduras y un exceso de muertos y abusos.

 

¿Cuál es, entonces, la salida en Venezuela? La nueva estrategia de Estados Unidos para sacar a Maduro del poder fue descrita como de máxima. En una conferencia telefónica con reporteros -coordinada por la Casa Blanca el mismo día en que Guaidó se reunió con Trump en Washington- un alto funcionario del Gobierno estadounidense advirtió que Venezuela se había convertido en un narco-Estado pero que la política de presión aplicada por Estados Unidos sería insostenible a la larga para el gobierno de Maduro, lo que abriría una oportunidad para una transición democrática.

 

Ese es el plan de Estados Unidos para una transición democrática en Venezuela. Una política de “incrementalismo”. Eso significa más sanciones económicas al régimen y confiscación de cuentas, propiedades y prohibiciones de viaje a sus representantes y aliados. Hasta ahora, ese plan ha exigido paciencia y Maduro ha probado tener una capacidad de resiliencia inesperada.

 

Pero al margen de lo que haga Estados Unidos, el futuro de Venezuela es sólo de los venezolanos. De nadie más. El reciente viaje de Guaidó a Madrid, en el que miles de venezolanos lo recibieron con gritos de “¡Libertad!”, es una muestra de que el deseo de cambio está intacto. No hay nada que pueda parar una idea poderosa. Y Venezuela no está sola.

 

Al final -y esto no falla- todos los dictadores caen. Pero no caen solos; hay que empujarlos. 

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