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Columnas Círculo Rojo

‘Una crisis como ninguna’

La innegable capacidad explicativa y didáctica del doctor López-Gatell tuvo en este punto una falla de comunicación.

Por Carmen Aristegui

El Gobierno federal informó, el miércoles pasado, por primera vez, sobre la cifra extrapolada del número de personas contagiadas de Covid-19 en México. La cifra que dio a conocer ese día el doctor Hugo López-Gatell -el superstar de la información epidemiológica en México- fue de 26 mil 519 casos estimados a partir del sistema de vigilancia llamado “centinela”, un método aprobado, hace años, por la OMS para monitorear la influenza. Aunque se explicó, desde el principio, que se trataba de una contabilidad muestral, dónde y cómo se tomaban los casos de ese universo, al no extrapolar todos los días el número de casos e informarlo así a la población, se generó un grado de confusión que llegó al propio Presidente de la República, quien en el mensaje del domingo 5 de abril se detuvo un momento para presumir que México era uno de los dos países, junto con la India, con el menor número de casos confirmados en el mundo por número de habitantes. El Presidente consideró los 2 mil y pico que en ese momento se daban como casos confirmados, pero que, en la comunicación oficial, aún no habían sido multiplicados por 8, como se hizo este miércoles.

La comunicación realizada exponiendo sólo el número de casos de la muestra, sin extrapolar o por lo menos enfatizar que se trataba sólo de una muestra, también provocó que algunos medios dieran como noticia que, se había -”por fin”- revelado la “cifra negra” de los casos de Covid en México. En realidad no se trataba de ninguna “cifra negra”, lo único que se hizo fue extrapolar los casos contabilizados y mostrar el número resultante como se hace con las encuestas pero, la suspicacia ya estaba sembrada.

La innegable capacidad explicativa y didáctica del doctor López-Gatell tuvo en este punto una falla de comunicación. En una situación como ésta, la reiteración no sólo es entendible, sino deseable. ¿Cuántas veces ha pronunciado el subsecretario el llamado a la sociedad “quédate en casa”? Infinidad de veces. ¿Qué impedía (impide) que cada noche en la conferencia de prensa y en la cápsula de 30 segundos con la información actualizada -diseñadas y elaboradas para informar a una población masiva y no especializada- se dijera algo como: “... se informa de ... tantos números de casos confirmados en esta muestra, que al multiplicarlos por 8 nos dan un aproximado o tendencia de X número de casos de contagio en México?”.

Más allá de la comunicación, la discusión más fuerte radica, ahora, en si fue o no pertinente haber utilizado el método “centinela” para identificar la tendencias y apuntalar decisiones sobre velocidad, ruta y estrategias para enfrentar la epidemia. Quien esto escribe no podría dar ninguna opinión técnica sobre el asunto, pero sí puede apuntar que varios de los que, en otros tiempos, tuvieron responsabilidades similares a los actuales funcionarios de Salud, como el doctor José Ángel Córdova, secretario de Salud cuando estalló la crisis en México por el H1N1 en 2009, han dicho que el método “centinela” es válido usarlo en otras fases del fenómeno pero no en el arranque de una epidemia. En 2009, México aplicó 500 mil pruebas para influenza H1N1 y hasta el tercer mes recurrió al sistema de vigilancia “centinela”.

La propia OMS ha insistido en la aplicación masiva de pruebas para identificar el mayor número de casos, ubicarlos, mapear los contactos de las personas infectadas, identificar potenciales contagiados para poder aislarlos y frenar la capacidad expansiva del virus, sin embargo, el Gobierno de México prefirió el método “centinela” dando a conocer sus razones. Será esto, tal vez, uno de los temas de debate cuando se revise la actuación de cada uno de los gobiernos frente a la pandemia o tal vez ya resulte irrelevante para ese entonces, si consideramos la magnitud del desafío que tenemos enfrente. La contabilidad mundial ha rebasado ya el millón y medio de contagiados. En materia económica el panorama es angustiante. Ayer, el FMI pintó un panorama sombrío para un mundo que “enfrenta una crisis como ninguna otra”. Una pandemia que “... ha alterado el orden económico y social a la velocidad de un rayo... el impacto en la economía global será el mayor, desde la Gran Depresión de los años treinta”. El brusco desplome de las economías, el número indeterminado de muertes y los graves efectos políticos, sociales y de todo tipo que están en puerta, obligan a los países, a las sociedades y a los individuos a repensar, de cabo a rabo, el mundo en el que estamos parados.

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