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Columnas

Un México que nunca habíamos visto antes

Diariamente nos enteramos -a través de los medios de comunicación- de numerosos actos delictivos, secuestros, asaltos...

Por Raúl Espinoza

Estamos imbuidos en una situación de inseguridad y violencia, así como de crisis económica de grandes dimensiones en México, como no se veía desde tiempos de la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera (y no creo exagerar). Diariamente nos enteramos -a través de los medios de comunicación- de numerosos actos delictivos, secuestros, asaltos; despidos de miles de trabajadores; muchas empresas se han ido a la quiebra o se encuentran en una difícil situación financiera; hay pocas ventas en la mayoría de los comercios y empresas y falta de liquidez; son muchos los profesionistas jóvenes que buscan trabajo, pero no logran ser contratados por la contracción del mercado y se ven en la necesidad de irse a radicar a otros países; a los inmigrantes de les trata peor que a los animales. Me impresionó sobremanera la primera página de El Universal (28-06-19) en la que aparece la fotografía de una muchedumbre de personas (niños, jóvenes, mujeres, hombres) que fueron descubiertos en la cabina de un tráiler, deshidratados, hambrientos, semidesnudos… en mi opinión, esto debería provocar una fuerte reacción ciudadana para no tratar a personas de Centroamérica y otras naciones de esa manera tan injusta e inhumana.

Si vienen a México es con la intención de cumplir con “el sueño americano”, atravesar el territorio nacional y llegar a los Estados Unidos, donde puedan llevar una vida digna con un trabajo bien remunerado y poder brindarles una adecuada formación a sus hijos.

La embajadora de un país centroamericano me comentó: “Mire usted, mis pobres paisanos, se ven en la necesidad de dejarlo todo (casa, tierras, huertas, familiares…) no por otra razón sino porque materialmente se están “muriendo de hambre”.

Y continuaba: “Me duele la indiferencia de tantos países industrializados que no se interesan en ayudar a la economía regional, naturalmente existen sus excepciones. Pero el grado de deshumanización es sencillamente asombroso.

“Cuando son rechazados una y otra vez en la frontera norteamericana, ¿qué hacen mis paisanos? -comentaba con dolor. Buscar humildes empleos en las ciudades grandes de México, como limpiabrisas, boleros, payasitos o malabaristas en los semáforos, vendedores de periódicos, de dulces… así está mi pobre país”-concluía.

En lo personal, van varias veces que me he encontrado con matrimonios que van en el tren que viaja de Guatemala hasta la frontera con Estados Unidos, y hace escala en Ápan, Hidalgo. Algunos pasajeros, hacen una parada con un único objetivo: Tomar algún alimento y agua. Así me lo han comentado en la plaza central:

-Por favor, llevamos varios días sin probar bocado. Necesitamos un poco de dinero para comer algo.

Verdaderamente, se impone una urgente actitud solidaria del Gobierno, organizaciones cívicas y ciudadanos mexicanos para ayudar a tanta gente que se encuentra en esta infrahumana situación.

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