Columnas Criterio

Transhumanismo

Que lo que no ha hecho por nosotros la evolución lo haga la tecnología. Parecería, más que ciencia ficción, pura fantasía; pero no, no lo es.

Por Jesús Canale

Poco a poco escuchamos más y más la palabra transhumanismo. Es, como tantos otros, un término nuevo que brota en nuestra civilización tecnológica, ésta que, al mismo tiempo que nos cobija nos expone a graves riesgos. Por lo visto ya nos quedan chicos algunos logros tecnológicos surgidos apenas hace pocos años: Ya no son novedades aquellas que hace poco lo fueron, por ejemplo, la separación que se ha conseguido entre el sexo y la procreación, no sólo por ejercer el sexo sin el “riesgo” de procrear (por ejemplo, la anticoncepción química) sino tener hijos sin necesidad de ningún acto sexual de por medio (la procreación artificial). No nos sorprende ya el hecho de que, precisamente mediante maniobras biotecnológicas, se nuble la identidad de lo femenino y de lo masculino separándola de la realidad sexual del individuo, como los hombres que se convierten en mujeres y las mujeres que se convierten en hombres, con el apoyo de sofisticadas técnicas farmacológicas y quirúrgicas. Nos vamos familiarizando con el abuso sobre personas humanas en los comienzos de su existencia como ocurre con la manipulación de embriones y también con la manipulación genética experimental sin previsión de los riesgos sobre esas vidas nacientes. Ya hemos fabricado vida artificial en el laboratorio. Pero, como diríamos en nuestro medio, “esto ya no tiene chiste”. Ahora vamos, y vamos en serio, por lograr una “persona” mejor que la persona humana, como lo propone una nueva corriente que combina ingredientes filosóficos, antropológicos y tecnológicos y que se populariza bajo la denominación de “transhumanismo”, algo así como pasar al siguiente nivel de seres vivos inteligente, hecho equiparable a forzar la evolución del hombre para conducirlo, gracias a la tecnología, a un estatus superior, diferente, por encima del Homo sapiens: Una extraña fusión forzada entre Huxley y Nietzche. Que lo que no ha hecho por nosotros la evolución lo haga la tecnología. Parecería, más que ciencia ficción, pura fantasía; pero no, no lo es. Detrás de algo siempre está alguien. En el tema que nos ocupa hay todo un movimiento organizado de personas intelectuales, tecno-inventores y multimillonarios. Un ejemplo entre varios: Elon Musk, dueño de Tesla, poderosa compañía automotriz y de energía y también fundador de Spacex, la productora y transportadora aeroespacial que apunta a facilitar viajes a Marte para su próxima colonización. Musk, que simpatiza con el pensamiento transhumanista, también fundó (2016) la compañía Neuralink con la intención de "desarrollar interfaces de cerebro-máquina con ancho de banda ultra-alto para conectar humanos con computadoras”. El tecno-millonario sostuvo una conferencia recientemente donde señaló cómo un mono es capaz de controlar una computadora con su cerebro (foto anexa). La mala noticia es que el mismo Elon Musk ha declarado que esta tecnología podría ser una "amenaza existencial para la humanidad" en caso de dejarse fuera de control. Como se ha visto con muchos de los logros tecnológicos recientes, al principio se promueven como convenientes y éticamente buenos o neutros, “para beneficio de muchas personas”, aunque en realidad silenciosamente se promueve su utilización con objetivos abusivos. Es muy necesario hacer resonar el criterio, una y otra vez, de que no todo lo que es técnicamente posible es éticamente correcto.

Médico cardiólogo por la UNAM

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com 

Comentarios