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Columnas Jaque Mate

Test, test, test

Dos posiciones contrarias están polarizando a la sociedad mexicana.

Por Sergio Sarmiento

Dos posiciones contrarias están polarizando a la sociedad mexicana. Una sostiene que el Gobierno está tomando las medidas adecuadas para enfrentar el Covid-19, al restringir actividades de manera gradual y permitir que continúe el movimiento económico, mientras que otra plantea que deben restringirse de inmediato todas las actividades, sin importar los daños a la economía. 

El Pontificio Colegio Mexicano en Roma escribió una carta este 20 de marzo al arzobispo Rodrigo Carrera López de Monterrey, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que decía: “Vemos con preocupación las noticias en México, y percibimos la misma realidad que se presentó al inicio de los primeros contagios aquí en Italia. Aquí mismo, en el Colegio, al principio no entendíamos la gravedad de esta situación. Ahora todos estamos conscientes de la gravedad del problema”. 

No son los únicos. Un consultor importante cuestiona mi apoyo a la estrategia gradual del Gobierno. Afirma que países como Estados Unidos y el Reino Unido se equivocaron: “Pensaban que el Covid-19 podría tratarse de manera similar, es decir, sin medidas de choque, como se trata la influenza. Hoy hay un reconocimiento de que el retraso en la aplicación de medidas de choque fue un error”. Las razones son la facilidad de contagio, “dos veces mayor” que la influenza, y una tasa de mortalidad “por lo menos 50 veces mayor” (que no corresponde a las cifras que yo tengo). En este caso no se puede usar el protocolo que se aplica para una epidemia “normal”. 

Yo sigo coincidiendo con la posición formal del Presidente de que los epidemiólogos deben definir las estrategias, aunque estoy en desacuerdo con los desplantes que pretenden que López Obrador tiene una “fuerza moral” que lo exenta de contagios o que los amuletos religiosos protegen de infecciones. 

El Covid-19 se está expandiendo a una velocidad superior a otras epidemias. No tenemos ni vacunas ni tratamientos ni defensas naturales. Como las personas asintomáticas pueden contagiar la enfermedad, es muy difícil detener su expansión, sobre todo en la ausencia de pruebas, las cuales son caras. 

China, epicentro del brote, trató de ocultar primero la información, al grado de censurar a un médico que advirtió que había un nuevo tipo de neumonía y que después fallecería por el Covid. Más tarde tomó medidas autoritarias para restringir el movimiento de personas y utilizó a la fuerza pública para obligar a la gente a permanecer en aislamiento. Italia y España han tomado también medidas autoritarias de aislamiento, dando un fuerte golpe a sus economías, pese a lo cual han seguido creciendo los contagios y las muertes. 

Una de las pocas historias de éxito ha sido la de Corea del Sur, que ha aplicado medidas de aislamiento, pero no indiscriminadas, sino basadas en el programa de pruebas más extenso del mundo. Esto ha permitido aislar a pacientes asintomáticos.

No sorprende que, después de esta experiencia, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, haya declarado que la prioridad es: Test, test, test. 

La pandemia ha tardado en entrar a México, pero lo hará ineludiblemente. Hay que enfrentarla con inteligencia. Decretar un aislamiento autoritario puede tener un impacto mayúsculo en la economía y al final ser más costoso que la pandemia. La experiencia sudcoreana sugiere en cambio hacer pruebas, pruebas, pruebas. 

Sin ley

La inminente cancelación de la nueva planta cervecera de Constellation Brands en Mexicali, después de una inversión de 900 millones de dólares y pese a cumplir con todos los requisitos de ley, ofrece un peligroso mensaje para quienes quieran invertir en México. Vivimos en un país sin Estado de Derecho 

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