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Columnas De política y cosas peores

Teoría

Tengo también para explicar la intentona de López Obrador de adelantar la consulta sobre la revocación de su mandato. Programada para dentro de dos años, él quiere que se haga en el 2021.

Por Catón  

Yo tengo teorías sobre todo y certidumbres sobre casi nada. Tengo incluso teorías sobre las teorías. Y una tengo también para explicar la intentona de López Obrador de adelantar la consulta sobre la revocación de su mandato. Programada para dentro de dos años, él quiere que se haga en el 2021. ¿Por qué? Mi teoría es que tiene miedo. Ha visto que su popularidad va descendiendo, y que hasta algunos de sus más fieles seguidores muestran ahora dudas sobre su capacidad de gobernante. Sabe que conforme pase el tiempo la opinión de la ciudadanía -incluso la del pueblo bueno y sabio- le irá favoreciendo cada vez menos, y que menos recursos tendrá para entregar dádivas a su clientela a fin de asegurarse su respaldo. En efecto, la situación económica del País se está deteriorando en forma acelerada. Llegará el día en que AMLO no dispondrá de dineros suficientes para con ellos allegarse votos. Por eso quiere adelantar la consulta, antes de que todo eso suceda y cuando todavía tiene algo en la escarcela para conseguir el apoyo de sus partidarios, que dejarán de serlo al advertir las inconsistencias de sus programas sociales, que son más bien electorales. En el miedo, pues, se fincaría el ansia de AMLO de adelantar la fecha de esa consulta. La creciente participación social y el disgusto que en muchos sectores han generado sus evidentes yerros lo hacen temer un descalabro. Ésa es mi teoría, Pero, en fin, dejémonos de teorías y vayamos por el camino del humor, que en teoría es bueno para aligerar el ánimo en tiempo de epidemias y de ineptitudes. El pastor Rocko Fages, ministro de la Iglesia de la Tercera Venida -no confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que permite el adulterio a sus fieles a condición de que usen tapaboca-, deseaba con vehemencia disfrutar los encantos de Clorilia, la joven y escultural pianista de la congregación. Para lograr su intento le dijo a la cándida muchacha: “Hermana: el médico me diagnosticó un extraño y peligroso estado mental llamado surmenage, que cierta semejanza tiene con el estrés o depresión. Me dice que sólo podré librarme de ese mal que lleva a la locura, y aun a la muerte, si tengo trato de libido con mujer. ¡Ayúdeme hermana, por favor! ¡Sálveme la vida!”. Clorilia venció todos sus escrúpulos morales -tenía tres- y accedió por caridad cristiana a servir de remedio a la fatal dolencia del pastor. La alcoba de Fages sirvió de clínica para el tratamiento curativo. En el arrebato del pasional deliquio le dijo el enfermito a su doctora: “¡Bésame, Clorilia! ¡Bésame!”. “¡De ninguna manera! -protestó ella con enojo-. ¡Medicina sí; lujuria no!”. Drácula le ordenó a su criado Gobbo: “Tráeme el periódico”. Se lo trajo el sirviente. Al ver el diario el vampiro se cubrió los ojos con los brazos, espantado, y profirió un terrible grito: “¡El Sol no, pen..!”. Un amigo de Babalucas le contó: “Vengo de la librería”. Inquirió el badulaque: “Y ¿qué libro compraste?”. Respondió el otro: “Compré el nuevo diccionario de la Academia. ¿Ya lo compraste tú?”. “No -contestó el badulaque-. Prefiero esperar a que salga la película”. Don Chinguetas bebía en el bar Baján con sus amigos. Se hablaba de los maridos mandilones, y quiso demostrar que él no lo era. Le pidió al cantinero: “Llama a mi casa y dile a mi esposa: ‘El señor tardará en llegar’”. Cumplió el encargo el tabernero. Cuando regresó le preguntó Chinguetas frente a sus amigos: “¿Le dijiste a mi esposa lo que te indiqué?”. “Sí -respondió el de la cantina-. Le dije: ‘El señor tardará en llegar’”. “Y ¿qué te contestó?” -quiso saber el macho dominante. Replicó el tabernero: “Me preguntó: ‘¿De parte de cuál de los señores me está hablando?’”. FIN.

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