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La Estafa Maestra es paradigmática. Diez universidades públicas fueron cómplices de un esquema para desviar recursos públicos a los bolsillos privados y a las campañas del priismo peñanietista.

Por Sergio Aguayo Quezada

COMENTARIOS: www.sergioaguayo.org

En las conmemoraciones del segundo aniversario de la Cuarta Transformación, falta abordar su veta anticientífica.

Han sido 24 meses de lo más intensos. Celebro la transferencia de recursos a los más pobres y los éxitos en la ofensiva contra la alta corrupción político-empresarial (lamentando esos silencios ante sus corruptos). Ninguna ventaja encuentro en el absurdo y estéril antiintelectualismo de una franja de la 4T. Hay países -como Estados Unidos- en la misma situación.

En un reciente texto (“The Constitution of Knowledge”) Jonathan Rauch argumenta que el mundo se divide ante el papel de la ciencia. En el viejo régimen, los monarcas y los clérigos decidían cuál era el conocimiento legítimo. Después de la Revolución Francesa, fueron sustituidos por una sociedad del conocimiento integrada por universidades, medios de comunicación y un largo etcétera.

Esta sociedad tiene divergencias, pero comparte un consenso sobre los métodos para construir la ciencia y la tecnología que, en este siglo 21, son las arenas donde se disputa el poder planetario. Los avances en el conocimiento tienen saldos negativos. Uno, son las nuevas formas de desigualdad y elitismo que incluyen -en el caso de México- la indolencia frente a los problemas nacionales y la tolerancia hacia la corrupción.

La Estafa Maestra es paradigmática. Diez universidades públicas fueron cómplices de un esquema para desviar recursos públicos a los bolsillos privados y a las campañas del priismo peñanietista. Esos casos justifican la ofensiva verbal y presupuestaria del actual Presidente contra la ciencia. En su discurso, todos los académicos forman parte de las élites corruptas. Absurdo condenar a todo un gremio, por las fallas de algunos.

La satanización tiene como derivación perversa negar la evidencia científica sobre el cambio climático o en la reveladora danza de las mascarillas. Los leales al Presidente -Hugo López-Gatell y Gerardo Fernández Noroña, entre otros- no la utilizan cuando están frente al Presidente, como queriendo demostrar que ellos son diferentes. ¡Sólo evidencian su profunda irresponsabilidad!

La actitud es rechazada públicamente -aunque con poca alharaca- por los cuatroteístas dispuestos a ponerse la mascarilla frente al Presidente.

La jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, es uno de los casos más visibles.

El rechazo del lopezobradorismo a la sociedad del conocimiento tiene una debilidad estructural. Podrán criticarla y asfixiarla presupuestariamente, pero siguen necesitándola. A cada rato utilizan las estadísticas del Inegi y el secretario de Relaciones Exteriores va por el mundo buscando las vacunas que permitan frenar el incontenible avance de la pandemia.

Tampoco tienen la capacidad para eliminarla; la sociedad del conocimiento resiste los embates presidenciales. El Colegio de México, el Cinvestav y el CIDE continúan organizando debates y difundiendo informes críticos de algunas políticas de la 4T, mientras dialogan con aquellos gobernantes (sean o no de la 4T) que respetan a la ciencia.

David Brooks cierra su última columna para el New York Times (26 de noviembre) revisando la situación del conocimiento, después de la victoria de Joe Biden. Desde su punto de vista, una de las tareas más urgentes de su generación es “reconstruir la confianza” entre conservadores y liberales.

En México, una tarea para el futuro es “reconstruir la confianza” en el conocimiento sustentado en evidencia contrastada. Para ello, se requiere más autocrítica en los claustros universitarios. Sigue habiendo tráfico de influencias, mafias enquistadas, profesorado repitiendo apuntes amarillentos y acoso sexual. Hay bastante que corregir.

Se necesitan dos para bailar el jarabe tapatío. Así como hay una dialéctica para el enfrentamiento, también existe una para el diálogo con aquellos gobernantes dispuestos a tomar en cuenta al conocimiento, como instrumento para la reducción de las desigualdades y la resolución de problemas grandes y pequeños.

La creación de polos de concordia es una de las tareas más urgentes del momento. En esos hipotéticos encuentros, un requisito de pertenencia debe ser el uso del tapabocas. Si en la Segunda Guerra hacer la "V" de la victoria fue señal de identidad, el uso público de la mascarilla debe ser una expresión de la fe en el conocimiento.

Colaboró: Anuar Israel Ortega Galindo.

CV: Sergio Aguayo es académico y politólogo.

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