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Columnas Juegos de poder

Sigo pensando lo mismo a diferencia de otros

Celebro que López Obrador ahora esté defendiendo su derecho a hacer campañas de manera abierta

Por Leo Zuckermann

Celebro que López Obrador ahora esté defendiendo su derecho a hacer campañas de manera abierta. Representa una victoria cultural para los que, desde hace mucho, nos hemos pronunciado a favor de la libertad de expresión.

Del baúl de los recuerdos recupero un texto que publiqué en 2006 en El Universal. Así pensaba entonces:

Si de verdad creemos que hoy vivimos en una democracia, entonces, como ocurre en este tipo de régimen político, no sólo es natural sino esperado que los gobernantes en turno, incluyendo el primer mandatario, hagan campañas abiertas a favor de los candidatos de su partido. Sin embargo, ¿debe haber algún tipo de límites en esta materia?

Comencemos con el asunto de la utilización de la tribuna pública por parte de un gobernante para discursivamente apoyar a su partido, y tomemos el caso de Fox. Desde hace ya unos meses su discurso es a favor de la continuidad a partir de frases que repite hasta la saciedad, y que en la jerga comunicativa se conocen como “sound bites”: “más vale paso que dure y no trote que canse”, “no necesitamos ideas iluminadas”, “estamos trabajando porque nuestro México del mañana sea mejor que el México del ayer, si seguimos por este camino, vamos a lograr ese México fuerte que todos queremos ver”, “si nos mantenemos en esta ruta y en este camino, mañana México será mejor que hoy”. Ahora, al igual que el candidato del PAN, Felipe Calderón, el Presidente llama a votar por un “Gobierno joven” que dé continuidad a sus políticas y critica a los políticos “populistas y demagogos”. Más claro, ni el agua.

La pregunta es si se vale o no que el Presidente utilice la tribuna pública para una labor partidista. Soy de los que piensan que esto es correcto porque, a final de cuentas, no creo que la gente vote por Calderón sólo porque Fox así lo recomienda. Quizá convenza a algunos, pero otros le harán más caso a un candidato opositor, al Gobernador de su Estado, a sus amigos o a nadie. Afortunadamente, hoy la voz del Presidente es una más de las que escuchan los votantes y, para muestra, basta con escuchar la múltiple cantidad de declaraciones que se presentan en la gran variedad de noticieros que existen.

Luego, está el asunto de los spots publicitarios. ¿Puede un gobernante bombardear a la población con anuncios de clara intención electoral? Una vez más creo que sí, siempre y cuando los spots no los pague el erario, pues no se pagan impuestos para que un Gobierno promueva candidatos. Suficiente dinero damos los contribuyentes para financiar las campañas de los partidos como para gastar más dinero desde el Gobierno. En lugar de que éste pague spots en los medios, mejor que atienda las múltiples necesidades ciudadanas. En este sentido, aquí sí creo que Fox, como muchos gobernadores, está en falta. De hecho, no tengo problema en que el Presidente salga en un spot diciendo abiertamente que conviene votar por Calderón, siempre y cuando este anuncio sea pagado por el PAN, pero nunca por el Gobierno de la República.

Todo lo cual me lleva a otro límite muy preciso para los gobernantes en una campaña: Debe prohibirse e incluso penarse, como es el caso en la legislación mexicana, que la entrega de programas o permisos públicos esté condicionada al apoyo de cierto candidato.

Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo han mostrado inquietud con la actitud partidista de Vicente Fox. El primero, en entrevista con López-Dóriga, le advirtió al jefe del Ejecutivo que no se sobrepasara en su apoyo a Calderón. El segundo ha dicho que el Presidente “debe unir, no dividir a los mexicanos rumbo a este proceso electoral”. Por supuesto que ambos candidatos quieren ver fuera del escenario a Fox, pero muy dentro a los gobernadores y presidentes municipales de su partido.

Por eso, para evitar hipocresías de un lado y del otro, mejor que los gobernantes, de todos los niveles e independientemente de su signo partidista, digan lo que quieran y asuman la responsabilidad por decirlo. Es utópico pensar que se puede amordazar a la clase política entera, o parte de ésta, en un proceso electoral. Resulta ridículo creer que los políticos no ejercerán una parte toral de su actividad profesional que es hacer campaña para ganarse el favor popular y gobernar. Sin embargo, los gobernantes en turno sí deben tener un límite muy claro en estas épocas de campaña: No deben utilizar dinero público porque éste sirve para beneficiar a la población y no a los candidatos de su partido.

Sigo pensando lo mismo quince años después a diferencia de otros que, por fortuna, han cambiado de opinión.

Leo Zuckermann

Twitter: @leozuckermann

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