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Columnas

Se necesitan líderes

Hoy los empresarios necesitamos responder con más fuerza que nunca.

Por Carlos Dumois

Hoy los empresarios necesitamos responder con más fuerza que nunca.

Toda crisis llama al ejercicio del liderazgo. Los líderes de la mayoría de los países han sido negligentes, irresponsables y lentos. Desde el primer brote en China, se trató de ocultar lo que estaba sucediendo. Perdimos mes y medio. Empezamos a reaccionar a fines de enero.

Después los gobernantes de los siguientes países también nos fallaron. En Italia y España el descuido y retraso para atender la pandemia hace brillar la falta de liderazgo predominante. Donald Trump también ha lucido por su falta de realismo.

En México todavía nuestros dirigentes no han asumido la realidad. Nuestro Presidente sigue buscando culpables y responde con un nivel de irresponsabilidad inconcebible. 

El impacto del coronavirus en la economía global será inmenso. Decrecerá el PIB mundial, habrá mucho desempleo, se desplomarán las bolsas de valores y morirán muchas empresas de todos los tamaños.

Es en este contexto que nos toca despertar y movernos con agilidad. Les comparto los rasgos de liderazgo que necesitaremos mostrar todos los empresarios.

Reconocimiento temprano. Nuestra apreciación de la magnitud de la crisis y su impacto real demanda que estemos alertas, que no nos durmamos, que definamos rápido lo que vamos a hacer. Ya vamos muy tarde. Muchos miles de contagios se conocerán en pocos días. No perdamos más tiempo.

Comunicación inmediata. No hay espacio para titubeos ni para querer “estar más seguros”. Ya sabemos lo suficiente. El tsunami ya está en camino. Compartamos esta visión de inmediato con nuestra organización. Seamos honestos y claros. Digámosle a nuestra gente lo que vemos y trasmitámosle seguridad y determinación.
Manifestemos nuestros temores y dudas. No escondamos las malas noticias.

Expresemos que reconocemos nuestras limitaciones. Pero compartamos nuestra voluntad inquebrantable de luchar y salir adelante. Seamos al mismo tiempo humildes y seguros. Será preferible comunicar con frecuencia, mantener al tanto de los avances, corregir rumbo si es necesario, y no dejar espacio a rumores y supuestos.
Toma de decisiones críticas. No nos enganchemos en detalles operativos.

Deleguemos con agilidad. Hagamos responder a las personas indicadas por los aspectos de la operación.

Las decisiones críticas son las estratégicas. Esas son las que tenemos que asumir. Nuestros temas son los que mantendrán a flote el barco, los que tienen que ver con la permanencia. Nuestros clientes y colaboradores van primero. Cómo los cuidamos y conservamos. Cómo nos enteramos de lo que están viviendo, de los problemas que enfrentan, de lo que podemos hacer por ellos.

Analicemos con nuestro equipo de gente clave los retos que enfrentamos, las alternativas que tenemos, y determinemos cuáles son las acciones más relevantes que hemos de llevar a cabo.

Vínculo y conexión. Es crucial el generar confianza con los colaboradores. Si nos expresamos con superficialidad y tibieza, nuestro equipo no responderá. Tenemos que hacerlos sentir que están conectados. Admitamos nuestras debilidades y desconocimiento. Necesitamos del apoyo de todos.

Al enfrentar las pruebas más difíciles, démosle a nuestra gente la oportunidad de sentir miedos, de tener dudas, de no saber qué hacer. Acerquémonos de forma personal a los que requieren de nuestro apoyo. No los dejemos solos. Trasmitámosle nuestra comprensión y nuestro optimismo.

Orientación y alineación. Las directrices en estos momentos han de ser lo más claras que podamos. Algunas serán planteamientos concretos de qué hacer en el corto plazo. Otras, serán lineamientos generales de hacia dónde nos queremos mover.

Nosotros somos el faro en la niebla, la guía en la oscuridad. Aunque no estemos bien seguros, el propósito y el rumbo deben ayudar a aclarar la perspectiva de la organización.

Integración y unidad. Nos toca alentar corazones y energizar voluntades. Hagamos que se sientan parte del equipo. Nuestro sentido de comunidad necesita fortalecerse.

Celebremos quienes somos. Reiteremos lo que somos capaces de hacer. Recordemos nuestra razón de ser y lo valiosos que somos para nuestros clientes y aliados.

Los tiempos turbulentos son para líderes conscientes de su rol en la sociedad y en sus organizaciones. No hay cancha para ser timoratos ni para escondernos detrás de falsas promesas ni para ocultar la gravedad de la situación. Los empresarios de verdad en estos tiempos se distinguen. 

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