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Repitiendo errores, anticipando catástrofes

Creo que la peor ofensa que se le puede lanzar al presidente Andrés Manuel López Obrador es recordarle cómo su Gobierno se parece a los anteriores sexenios.

Por Ana María Salazar

Creo que la peor ofensa que se le puede lanzar al presidente Andrés Manuel López Obrador es recordarle cómo su Gobierno se parece a los anteriores sexenios. Especialmente lo que tenga que ver con los errores cometidos por otros presidentes. 

El problema del Presidente podría ser que le aqueja una sobredosis de soberbia. O tal vez reconoció que, de facto, terminó su sexenio y está esperando en cualquier momento una nota periodística sobre él o su familia o un desastre natural catastrófico. Podría ser algún evento horrífico en materia de seguridad, donde claramente se tendría que reconocer que la estrategia de ‘abrazos y no balazos’ ha sido un error con tintes de negligencia criminal. 

Pero el comportamiento del Presidente de México parecería indicar que terminó anticipadamente el sexenio de la Cuarta Transformación, ya que la única preocupación será controlar el proceso de selección de su candidato para la presidencia. 

Y el Presidente es el único culpable del descontrol del proceso. Identificó públicamente a sus corcholatas (por llamar a estos funcionarios los posibles tapados) y literalmente les hizo un llamado a que iniciaran campañas, donde abiertamente se estaría violando las leyes electorales en este País. 

El otro error es que sus corcholatas son funcionarios públicos que ejercen funciones fundamentales, no sólo para la gobernanza de este País, sino para asegurar que el candidato de Morena gane las elecciones de 2024. 

Con hacer el llamado de ¡arrancan!, la caballada presidencial de Morena se lanza al vacío y empieza una guerra intestina que asegurará que el candidato del Presidente va a producir una profunda división -posible destrucción- de Morena. 

Pero lo más grave es que, por adelantar el proceso electoral interno de su partido, López Obrador debilita su Gobierno porque desde que identificó sus corcholatas, las estructuras de la Secretaría de Gobernación, de Relaciones Exteriores y del Gobierno de la Ciudad de México estarán dedicados exclusiva y públicamente a apoyar a sus jefes y jefa, poniendo a un lado sus responsabilidades en materia de gobernabilidad, política exterior y bienestar de las millones de personas que viven en la Ciudad de México. 

Las prioridades del Presidente y la 4T no serán la prioridad de Adán Augusto López, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum. De ahora en adelante, su única prioridad será hacer campaña y sabotear a sus compañeros y compañera de Gobierno. 

Y esto fue el gran error del presidente Enrique Peña Nieto, quien desde un principio permitió que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y Luis Videgaray compitieran por ser el candidato ‘tapado’ de Peña, quien parecería desentenderse de las tareas de Gobierno en los últimos años. Aunque no era tan públicamente evidente en su momento, pero se hablaba a voces de cómo las estructuras de Gobernación y la Policía Federal no estaban dedicados a la gobernanza y seguridad del País, sino asegurar fondos y una estructura para la candidatura de Miguel Ángel Osorio Chong. 

También eran legendarios los enfrentamientos entre Osorio y Videgaray, quienes nunca salieron a defender al impopular presidente Peña, que había literalmente empacado sus maletas un año antes. 

Muchos dirán que, en el caso de López Obrador, las corcholatas, entendiendo que será el Presidente quien elija mediante el dedazo su remplazo, los tres se desviven alabando públicamente a su líder moral. Pero eso no se traduce en que las corcholatas y sus equipos estén a diario tomando decisiones que van en contra de los intereses del Presidente y del País. 

¿Cuándo un Gobernador conversa con Adán Augusto López está hablando con el secretario de Gobernación o con una corcholata? ¿Los funcionarios estadounidenses negocian con Marcelo Ebrard o con el posible candidato a la presidencia? ¿Las decisiones sobre el futuro del Metro o inversiones en la Ciudad de México las está haciendo la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, o la posible candidata, que desesperadamente [busca] una plataforma nacional para hacer campaña? 

La única explicación lógica que tengo de por qué López Obrador arrancó tan anticipadamente las campañas presidenciales es que quería asegurar que su inexperto, pero leal secretario de Gobernación, pudiera recibir la atención de los medios y subirse al ring público en contra de los veteranos Ebrard y Sheinbaum. 

Tal vez esto permita que la base morenista conozca lo suficiente a Adán Augusto López para justificar su candidatura en 2024. De ser así, está garantizada una división que podría destruir a Morena y la persona que remplace a López Obrador tendrá pocas herramientas para gobernar un país deshecho por la crisis económica y la inseguridad.
 

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