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Columnas De política y cosas peores

Reír, llorar o rezar

“Soy nudista” -le dijo una linda chica a Babalucas. “¿De veras? -replicó el badulaque, interesado-. ¿Cuántos nudos sabes hacer?”.

Por Catón  

“Soy nudista” -le dijo una linda chica a Babalucas. “¿De veras? -replicó el badulaque, interesado-. ¿Cuántos nudos sabes hacer?”. La niñita le habló con voz dulce a su abuelita: “Di por qué, dime, abuelita, di por qué eres viejita, di por qué sobre la cama ya no te gusta brincar. Di por qué usas los lentes, y por qué no tienes dientes. Di por qué son tus cabellos como la espuma del mar”. Respondió la abuelita: “Qué chin... te importa”. Lord Feebledick regresó a su finca rural después de la cacería de la zorra.

Venía mohíno porque su caballo, en vez de seguir a los demás jinetes, desobedeció la rienda y fue tras una yegua de lo más corriente. Milord tuvo que aguantar el trance en precario equilibrio sobre el cachondo corcel. Entró a su casa, pues, lord Feebledick. Su propósito era tomarse un whiskey o dos para diluir en alcohol su mortificación, pero al pasar por la sala ¿qué miró? A su esposa, lady Loosebloomers, en abrazo evidentemente erótico y de carácter pasional con un individuo de aspecto extranjero que vestía ropas clericales. Consideró milord que había lugar a una reclamación, de modo que sin alzar la voz le preguntó a su esposa: “¿Qué es esto, señora mía?”. Con igual calma respondió lady Loosebloomers: “Tú tienes un collie escocés. ¿No puedo yo tener un pastor alemán?”. Don Chinguetas y doña Macalota sostenían una más de sus acostumbradas riñas conyugales. Dijo ella: “¡Y pensar que te he dado los mejores años de mi vida!”. “¡Cielo santo! -exclamó don Chinguetas, consternado-. ¿Estos han sido los mejores?”. “No sé si reír o llorar o ponerme a rezar”.

Tal frase, que cobró popularidad hace años, fue atribuida a un locutor que narró desde Oaxaca un eclipse solar. Ahora escucho decir a López Obrador: “Estar bien con nuestra conciencia; no mentir; no robar; no traicionar. Eso ayuda mucho para que no dé el coronavirus”. Oigo también a la secretaria de Gobernación explicar por qué no usa tapabocas en estos días de epidemia: “Yo estoy blindada con mis gotas de nanomoléculas de nanocítricos. Las vi en entrevistas a esta chica inteligentísima, ingeniera bioquímica, que sacó esta maravilla de productos que van directo a destruir los virus. A mí se me hace muy lógico. ¿Cómo me curaba mi mamá los resfriados? Pues con limón y miel. ¿Cómo cortaban la grasa? Pues con limón. Entonces son moléculas de cítrico que deshacen. Además son preventivas. Yo me siento blindada preventivamente”.

Escucho esas declaraciones del Presidente de la República y de la secretaria de Gobernación y no sé si reír o llorar o ponerme a rezar. Y otra frase popular repito: “En qué manos estamos”. Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, recibió en su casa la visita del señor Trisagio, presidente de la Congregación de Congregantes. Le ofreció: “¿Un café?”. “No me gusta el café”. “¿Un té?”. “No me gusta el té”. “¿Un whisky con agua?”. “No me gusta el agua”.

El joven tarambana les contó a sus amigos de calaveradas: “Mi padre me ofreció darme una pensión de 50 mil pesos al mes si dejo mis malos hábitos. Pero si dejo mis malos hábitos ¿para qué quiero 50 mil pesos al mes?”. La maestra les explicó a los niños: “Los antónimos son palabras que expresan ideas opuestas o contrarias entre sí; por ejemplo ‘vicio y virtud’, ‘lleno y vacío’, ‘mal y bien’. ¿Pueden ustedes mencionar otros antónimos?”. Respondió Juanilito: “Noche y día”. Propuso Juanilita: “Despacio y aprisa”. Pepito levantó la mano y dijo: “Paracaídas y condón”. La profesora se azaró. Preguntó inquieta: “¿Por qué dices que paracaídas y condón son antónimos?”. Explicó Pepito: “Si el paracaídas falla alguien muere. Si el condón falla alguien nace”. FIN.
 

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