Columnas Dueñez* empresaria

Realidad de la inteligencia artificial

La IA, una vez debidamente programada, debería ya ser autónoma.

Por Carlos Dumois

¿De qué presunción goza la inteligencia artificial?

En un artículo anterior sobre el tema de la inteligencia artificial (IA) dije las siguientes dos cosas:

“Hoy se discute sobre el tema de si ya tenemos la IA o si sólo tenemos sistemas expertos a los que por diversas razones se les llama IA. Es más cómodo y elegante hablar de IA que de sistemas expertos. Se trata de una cuestión terminológica sin importancia”.

“La IA hará que el talento humano se desarrolle hoy enormemente. Ya vendrán nuevas épocas en que otras cosas impulsen el talento humano. La IA podrá llegar a desaparecer; el talento humano… ¡nunca!”.

Pese a lo dicho en los párrafos citados, que se puede sostener coloquialmente en general, hay algo interesante entre hablar de IA o de sistemas expertos. Los sistemas expertos pueden desaparecer, y si la IA es sólo un conjunto de sistemas expertos, también puede desaparecer. En cambio, si la IA fuera ya una auténtica emulación de la inteligencia humana, ya no podría desaparecer.

En este último caso, la IA, una vez debidamente programada, debería ya ser autónoma -como lo es la inteligencia humana-, es decir, independiente de sus programadores, casi como si fuera una persona. Dicho en breve, debería emular el comportamiento de una persona.

Lo anterior significa que el programador final de la IA, al dar la instrucción de ejecutarla, ya no podría alterar dicha programación, porque la IA no se lo permitiría. Y entonces sí que habría motivos de temerla.

Las siguientes preguntas son importantes. ¿Puede un conjunto de máquinas emular el comportamiento de una persona? ¿Podría pensar y decidir por propia cuenta? ¿Podría gozar y sufrir, amar y odiar? ¿Podría tener una ética propia? ¿Podría establecerse como un nuevo paso evolutivo de la vida y dejar a nuestra actual humanidad atrás, incluso al precio de que fuera necesario o conveniente destruirla? ¿Cuál sería su actitud respecto a Dios, atea o teísta? ¿Tendría que haber una sola IA o podría haber varias? ¿Y cómo se relacionarían? ¿Podría haber guerras entre ellas?

Quienes sostienen la posibilidad de una auténtica IA deberían responder tales preguntas razonadamente, o al menos intentar hacerlo seriamente. Y al no lograrlo, la cuestión quedaría y seguiría abierta. En tales circunstancias, ¿qué goza de la presunción, la imposibilidad de la IA o su posibilidad real? Si lo primero, hay que vivir tranquilos, como si la IA no pudiera darse, mientras no se demuestre lo contrario. Si lo segundo, hay que vivir esperanzados o incluso temerosos, como si la IA pudiera darse, mientras no se demuestre lo contrario.

Curiosamente estos temores ya están empezando a tenerse en la actualidad, sobre todo ante la rapidez del desarrollo de la tecnología y la creencia de que estamos a punto de lograr la IA auténtica, si es que no la hemos logrado ya.

El asesor filosófico de nuestra firma está convencido de que puede probarse que la IA auténtica no puede darse. Yo no voy a meterme en esas honduras filosóficas, al menos no en estos artículos. Me parece que lo mejor es decir que estoy en la incertidumbre, pero me inclino a pensar que la IA puede darse; y prefiero vivir esperanzado, más que temeroso. Aun así, procuro estar muy atento a lo que sucede y va sucediendo -así, en gerundio-, para que nada me tome por sorpresa.

De otra parte, los sistemas expertos son tan peligrosos, o más, que la IA. De hecho, tenemos ya sistemas expertos que pueden acabar con la humanidad; pero dependen de sus programadores y de los gobernantes de sus programadores. Todo indica que eso es lo que realmente hay que temer hoy. Como nos enseña la historia -Maestra de la Vida-, lo peligroso es el egoísmo del hombre.

Respecto a nuestras empresas, hay que usar la IA -sea la que fuere- para sacarlas adelante, de preferencia al menos con un conocimiento básico de programación, a fin de poder usar la IA de la mejor manera posible. Y claro, la ética de referencia será nuestra propia ética personal -¿la común a todos?-, marcadamente altruista o marcadamente egoísta… ¡Lo de siempre!

Carlos A. Dumois es presidente y socio fundador de Cedem.

c_dumois@cedem.com.mx

http://www.cedem.com.mx

* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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