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Rampante y galopante

Las dádivas en dinero que la gente recibe de la 4T han quedado anuladas por estos fenómenos que en buena parte obedecen a factores externos...

Por . Catón

A los nueve meses justos de casada la joven esposa dio a luz un par de gemelitos. El orgulloso papá le dijo al ginecólogo: “Y si esto corresponde a lo que se hizo hace esos nueve meses, dentro de media hora habrá que esperar otra tanda de dos”. Un empleado de don Algón lo invitó a cenar en su casa. Cuando llegó el importante invitado la pequeña hija del empleado le dijo: “Es un gusto conocerlo. Mis papás siempre están hablando de usted, señor Negrero”. La señora se concentraba tanto en la serie que estaba viendo en su tableta que el resto del mundo desaparecía para ella. Una noche su esposo la puso a prueba. Le dijo: “Voy a salir”. Preguntó ella sin apartar la vista de la pantalla: “¿A dónde vas?”. Respondió él: “A una orgía”. Le indicó la señora: “Llévate el suéter”. La inflación es galopante y la carestía rampante. O la carestía galopante y la inflación rampante, lo mismo da. El alza de los precios ha traído consigo una disminución en el poder adquisitivo de los mexicanos, disminución que bien puede calificarse de dramática. Eso ha empobrecido a las clases medias y a la que con eufemismo vergonzante es llamada “clase popular” para no hablar de pobreza. Los miembros de la clase media alta pertenecen ahora a la clase media media; éstos a la clase media baja, y los de clase media baja han descendido a la eufemística clase popular, o sea al proletariado. ¡Y todavía hay quienes dicen que en México no hay movilidad social! Las dádivas en dinero que la gente recibe de la 4T han quedado anuladas por estos fenómenos que en buena parte obedecen a factores externos, pero que sobre todo son resultado de las erráticas políticas del régimen y del dominio que la delincuencia organizada tiene sobre zonas productivas por efecto de la prédica de “abrazos, no balazos”, querúbico sermón al que los cárteles responden incendiando comercios y vehículos, bloqueando carreteras y poniendo en estado de sitio a ciudades enteras. Todo esto sin que las fuerzas armadas intervengan, ocupadas como están en administrar aduanas y aeropuertos, construir trenes y sucursales bancarias y cumplir las funciones que les han sido asignadas por el presidente López al margen o por encima de la Constitución. Las cifras oficiales muestran que el pueblo mexicano es hoy más pobre que hace tres años. “Primero los pobres”, sigue predicando AMLO desde su cotidiano púlpito. No ha mentido: Los pobres son lo primero que ha hecho. Una chica le contó a otra: “Todas las noches me voy a la cama a las 9. Y para eso de las 11 ya estoy en mi casa”. Babalucas comentó, orgulloso: “Mi tatarabuelo era texano. En la Guerra Civil de los Estados Unidos combatió a favor del Occidente”. Don Poseidón, granjero acomodado, reprendió a Glafira, su hija: “No me gusta nada la forma en que tu novio te besa y te acaricia”. Explicó la muchacha: “Es que apenas está aprendiendo”. (Nota. Espere don Poseidón un par de semanas, y ya verá. Eso se aprende aprisa). Pepito le dijo al guardia del centro comercial: “No encuentro a mis papás”. El policía lo tranquilizó: “No te preocupes. Pronto los encontraremos”. “Lo dudo -replicó Pepito-. Hay muchos lugares donde se pueden esconder”. La mujer le reclamó, furiosa, a su marido: “Supe que anoche perdiste en el póquer todo el dinero que llevabas, y luego me apostaste a mí, ¿cómo te atreviste a hacer eso?”. Explicó el majadero: “Tenía tercia de reyes”. El marido estaba haciendo el amor con su mujer. De pronto se oyó llegar un automóvil. Lo vio por la ventana el esposo y le dijo a su mujer “Es el compadre Pitoncio. Qué momento tan inoportuno de llegar”. “¡Rápido! -lo urgió ella-. ¡Métete en el clóset!”. FIN.

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