Tendencias
Cintilla de tendencias

Covid-19

Mariana Rodríguez

AMLO recuperado

INE

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo


DUEÑEZ* EMPRESARIA

Propósito corporativo

Cedem: “Mejorar el ejercicio de la Dueñez en el mundo.”

Por Carlos Dumois

La primera fase del rediseño estratégico de nuestra empresa conviene centrarlo en definir nuestra razón de ser.

Estamos nuevamente en un retiro ejecutivo con los líderes de un grupo empresarial mexicano. El escenario es inmejorable. Trabajamos junto a su nueva planta en California. En esta ocasión estamos reconstruyendo la visión de futuro del grupo. Los diálogos son encendidos y de enorme riqueza.

El primer paso que elegimos se ha centrado en revisar el propósito corporativo de la empresa. Este es un proceso que si se hace con seriedad es sumamente complejo. No es sencillo definir la razón de ser de nuestra organización con un significado poderoso que integre claridad estratégica y sentido humano.

El propósito no cambia, inspira al cambio. Es importante comprender que cuando definimos el propósito corporativo hablamos de un concepto que no cambia, se mantiene por décadas, pero inspira al cambio para poder mantenerse vigente.

Por ejemplo, el propósito de Google de “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”, puede haber guiado a esta compañía a crear gran cantidad de soluciones tecnológicas. Podría multiplicarse la velocidad y capacidad de procesamiento de información mil veces, el designio de esta compañía seguiría en vigor.

Es como una estrella guía en el horizonte, perseguida por siempre, pero nunca alcanzada. Ese es justamente el cometido de definir nuestro propósito: Guiarnos, pero jamás conseguirlo plenamente. Google en ningún tiempo completará su intención de organizar la información del mundo. Siempre habrá espacio para ofrecer nuevas formas de hacerlo.

El solo hecho de que el propósito nunca se puede alcanzar a cabalidad, significa que una organización en ningún momento puede dejar de estimular el cambio y el progreso. La creación de riqueza es la vocación natural de toda empresa. Detenerse es un despropósito, carece de sentido.

Cuando dejamos de aspirar a encontrar nuestras avenidas de generación de valor no hay manera de atraer socios, ni colaboradores talentosos, ni nuevos clientes, ni nada. Perdemos nuestra naturaleza, perdemos atractividad.

Permite a la empresa adaptarse a las circunstancias cambiantes sin dejar de ser fiel a su razón de ser. Sabemos que la única constante en nuestros horizontes de planeación es el cambio, pero sí contamos con un hilo conductor que mantiene su validez a través del tiempo: Nuestro propósito corporativo.

La claridad de nuestra razón de ser nos ayuda a enfocar nuestros esfuerzos de innovación y emprendimiento. Si sabemos para qué estamos podemos crear nuevas propuestas de valor, nuevos productos y servicios, nuevos modelos de negocio.

Lo expresamos en una frase corta y concisa. Nuestro propósito no requiere de una disertación. No es un largo escrito. Si lo tenemos bien concebido debemos poder plantearlo en unas cuantas palabras. Veamos algunos ejemplos.

Nike: “Llevar inspiración e innovación a todos los atletas del mundo. Si tienes un cuerpo eres deportista”. Estas palabras reflejan claramente lo que persigue esta compañía.

Walt Disney: “Hacer feliz a la gente”. En muy pocas palabras describen lo que buscan.

Starbucks: “Inspirar y nutrir el espíritu humano una persona, una taza y un vecindario a la vez”. ¡Muy convincente y alentador!

Cedem: “Mejorar el ejercicio de la Dueñez en el mundo.”

Debe poner unos límites suficientemente claros. No es una definición estratégica aterrizada, pero si es conveniente que nos marque el cauce de nuestro quehacer como para indicarnos lo que sí deseamos hacer, lo que queremos ser.

El propósito debe tocar emociones. La nobleza que manifiesta su causa ha de atraer voluntades y corazones, ha de tener un sentido profundo de algo que vale la pena, que contagia y entusiasma. No podemos quedar impávidos o fríos ante la energía positiva que genera un propósito bien definido.

Es un buen comienzo el puntualizar con estos rasgos descritos nuestro propósito estratégico. Se puede convertir en un punto de partida potente de nuestra visión de futuro. Confiamos que nuestros amigos de la planta en California proseguirán afinando sus perspectivas hacia delante y crearán un camino ascendente más amplio y más claro de creación de valor.

Comentarios