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Portazos

Carlos Salinas no veía ni oía a la ciudadanía independiente y organizada. Durante las presidencias panistas, se popularizaron los “consejos ciudadanos” aunque terminaron ignorándolos. La 4T tuvo un comienzo promisorio, pero luego atrancaron los portones. 

Por Sergio Aguayo Quezada

Carlos Salinas no veía ni oía a la ciudadanía independiente y organizada. Durante las presidencias panistas, se popularizaron los “consejos ciudadanos” aunque terminaron ignorándolos. La 4T tuvo un comienzo promisorio, pero luego atrancaron los portones. 

En 2016, un grupo de organismos de la sociedad civil creóla “Fiscalía que Sirva”. Deseaban presentar un proyecto de reforma integral. Una de sus integrantes –Ana Lorena Delgadillo- recuerda que “elaboramos durante dos años un proyecto para la Fiscalía. En 2018, los de Morena se entusiasmaron con nuestro trabajo y, pasadas las elecciones, formamos un grupo de trabajo al que enviaron una delegación representativa -entre otros, Santiago Nieto, Tatiana Clouthier y Mario Delgado. También invitamos a representantes de la UNAM y del CIDE. Trabajamos casi tres meses y quedamos satisfechos con el resultado”. 

El 14 de diciembre de 2018, el Diario Oficial de la Federación publicó la Ley Orgánica de la Fiscalía General de la República que contempla un “consejo ciudadano” de cinco integrantes, que hasta la fecha no se ha conformado. 

El pasado 17 de septiembre, el fiscal me telefoneó para invitarme a presentar mi candidatura ante el Senado, porque se integraría el “consejo ciudadano”. Me lanzó dos anzuelos: Ya había aceptado una jurista muy respetable y me pidió sugerirle nombres para otras candidaturas de personas con independencia y nexos con la sociedad organizada. 

Lo dudé, porque participar como independiente en consejos ciudadanos honoríficos tiene consecuencias. Consumen una cantidad enorme de tiempo, se cultivan enemistades de por vida y, en mi caso, los conflictos de interés me limitarían para escribir sobre algunos asuntos. 

También hay un lado positivo. En materia de seguridad y derechos humanos es indispensable la convergencia entre Gobierno y ciudadanía. Y la FGR es uno de los nodos estratégicos en el combate al crimen organizado y a la alta corrupción político-empresarial. Participar en ese consejo me permitiría impulsar políticas públicas. Tenía pensado abogar ante la FGR por la extensión del criterio de oportunidad a sicarios encarcelados; pedirles información sobre masacres y desaparecidos, a cambio de beneficios carcelarios. Acepté la invitación y le propuse a Elena Azaola y a Santiago Corcuera, quienes también estuvieron de acuerdo en meter su solicitud. 

Me brinco los tortuosos trámites exigidos por un Senado puntilloso e ignoro cuántas candidaturas se presentaron. Pasaron los meses y nada sucedía. Estaba preparado para ser rechazado por la comisión senatorial que, de acuerdo con el procedimiento, debía entrevistarnos. Me sorprendió la rudeza del portazo. En la propuesta de la Ley de la Fiscalía General de la República presentada por el poderoso senador Ricardo Monreal (Morena) desaparecieron al “consejo ciudadano” entre otros retrocesos. Este martes conversé con el fiscal, quien me asegura que sí iba en su proyecto, que lo quitaron en el Senado, que protestó y que lo repondrán. 

Ignoro el desenlace de esta historia irrelevante ante lo verdaderamente importante: El patrón de indiferencias y portazos del Gobierno hacia la sociedad civil. Entre muchos otros casos estaría la discusión sobre la Guardia Nacional, el relevo en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la desaparición de los fideicomisos y el maltrato a las feministas. El presidente y Morena están rechazando -como método- la participación de los ciudadanos independientes en los asuntos de Gobierno. Nos quieren callados y obedientes. 

¿Qué opciones quedan para quienes deseamos involucrarnos en asuntos públicos? Una posibilidad es intensificar la relación con los gobiernos estatales y municipales y buscar con ellos las reformas ahora negadas por el ejecutivo federal. Otra, impulsar acercamientos con la comunidad internacional -Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina- para buscar apoyos e informar sobre los hostigamientos lanzados cotidianamente por el presidente a la sociedad organizada y su indiferencia hacia la mayoría de las víctimas. 

Cuando un portón se cierra hay que tocar otras puertas. Lo irrenunciable es participar en el debate y en la formulación de políticas públicas que nos afectan. México también es nuestro y, para participar, es que hemos construido la democracia. 
 

SERGIO AGUAYO

Académico y politólogo.
Colaboró: Anuar Israel Ortega Galindo.
Comentarios: www.sergioaguayo.org

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