No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas María Amparo Casar

Por una parte... y, por la otra

En una crisis lo que más se valora es la consistencia. No la veo por ningún lado.

Por María Amparo Casar

Que alguien me explique. Como mexicana estoy francamente desconcertada por las señales contradictorias que mandan las autoridades y en especial el Presidente. En una crisis lo que más se valora es la consistencia. No la veo por ningún lado.

¿Será porque, como en el caso de las mujeres, le molesta no controlar la situación, porque no puede decretar la inexistencia del virus o porque la realidad se impone a su pensamiento mágico?

Realmente es preocupante que el coronavirus no haga distingos y aceche a un Gobierno que desprecia el conocimiento y que, además, lo desafía.

Por una parte, para poner en funcionamiento prácticamente las únicas medidas que han probado ser efectivas para contener la pandemia del Covid-19 -el aislamiento o distanciamiento social- se decide que se suspenderán actividades antes de la Semana Santa y se reparte información gubernamental sobre mantener la distancia entre las personas, evitar aglomeraciones, no tocarse y lavarse las manos frecuentemente. Por la otra, el personaje más presente en los medios y que tiene a su cargo la conducción del País nos dicta lo opuesto con su conducta.

Por una parte, el subsecretario de Salud que ha acaparado la atención pública al haber sido nombrado líder de facto de la política para prevenir o mitigar el impacto del coronavirus lanza recomendaciones generales y por la otra dice que las recomendaciones generales no son “para que aterricen en el Presidente”. Aquí valdría la pena recordar que todos debemos cumplir con la ley pero antes que nadie, las autoridades están obligadas a ello.

Por una parte, el Gobierno nos dice que las personas mayores de 60 años están en la categoría de mayor riesgo. Por la otra, el mismo subsecretario afirma que el Presidente goza de buena salud y que, aunque pase de los 60, “no quiere decir que sea una persona de especial riesgo”. Y remata, “casi sería mejor que padeciera coronavirus porque lo más probable es que él en lo individual, como la mayoría de las personas, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune y entonces ya nadie tendría inquietud sobre él”. En la mejor tradición establecida por el Presidente, López-Gatell ha decretado que el Presidente goza de buena salud, superará la enfermedad y no es una persona de especial riesgo. ¡Qué suerte! 

Por una parte, nos dicen que el principal problema del Covid-19 es su fuerza de contagio y no su letalidad y, por la otra -de nuevo el subsecretario- nos sale con que si llegara a ser portador “la fuerza del Presidente es moral no es una fuerza de contagio”.

Por una parte, tenemos a un Presidente que desprecia el conocimiento técnico, científico o especializado, que no tiene gran ciencia gobernar y que lo que se necesita es 10% de conocimiento y 90% de honestidad. Por la otra, en la conferencia matutina (16-03-20) nos dice que hay que confiar en los expertos, que el Presidente no es un “sabelotodo” y que seguirá las instrucciones de su asesor. Remata y nos desafía abrazando al subsecretario frente a la pantalla de la televisión para que todos lo veamos.

Por una parte, el Presidente se cansa de decirnos que lo más importante en la política es que el gobernante ponga el ejemplo. Lo ha dicho una y mil veces respecto a la corrupción: “Si el Presidente es honesto, los gobernadores serán honestos, los presidentes municipales. Y todo el pueblo”. Por la otra, pone el ejemplo viajando entre grandes multitudes, acudiendo a los aeropuertos y besando a hombres, mujeres y niños, reuniéndose en un espacio cerrado con los periodistas y miembros de su gabinete todas las mañanas. ¿Querrá que todos sigamos su ejemplo sin importar las consecuencias?

Por una parte, el presidente de Estados Unidos a quien López Obrador no se ha cansado de alabar cancela los viajes procedentes de Europa y por la otra el Presidente de México dice que nuestro País es una alternativa para esos viajeros y los recibirá.

El Presidente insiste en que, al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie. ¿Por qué, entonces, ante lo que se prevé como un caso de epidemia grave no ha reunido al Consejo de Salubridad General que es un órgano colegiado dependiente del Presidente y tiene el carácter de autoridad sanitaria, con funciones normativas, consultivas y ejecutivas y cuyas disposiciones son de carácter general y obligatorias en el País?

Comentarios