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Columnas Juegos de Poder

Pacto de solidaridad por el coronavirus

Se va requerir mucho Gobierno que coordine las acciones de la sociedad. Pero, también, mucha solidaridad de todos los sectores para salir adelante.

Por Leo Zuckermann

El País está por entrar a una de sus peores crisis sanitaria y económica de los últimos 100 años. Se va requerir mucho Gobierno que coordine las acciones de la sociedad. Pero, también, mucha solidaridad de todos los sectores para salir adelante.

Afortunadamente, en México tenemos experiencia al respecto. Cuando, en 1987, vino el crack bursátil, que afectó gravemente a una economía de por sí maltrecha, el Gobierno del presidente Salinas convocó a un acuerdo amplio de diversos sectores que acabó denominándose “Pacto de Solidaridad Económica”. Todos hicieron sacrificios y aportaron algo: Empresarios, sindicatos y gobiernos. Se comprometieron y cumplieron. Cada tanto se hacían reuniones plenarias para evaluar cómo iban los compromisos. A la postre, se logró controlar la inflación, principal problema en ese momento, y reactivar el crecimiento económico.

El presidente López Obrador debería hacer algo similar. Convocar a todas las fuerzas económicas del País y negociar compromisos muy concretos para que todos aporten en estos momentos críticos. La sola firma de dichas obligaciones -con una sana distancia- mandaría un mensaje muy positivo a los mercados nacional y extranjeros.

Es la hora de la solidaridad. Por el bien de todos y no solo de los pobres. Hay que mantener a flote la economía mexicana. De lo contrario, muy rápidamente crecerá el número de pobres que hay en el País.

Algunos sectores, que tienen experiencia en crisis, ya se adelantaron.

Varios bancos, por ejemplo, le otorgaron una suspensión de pagos a sus acreedores por un plazo de varios meses hasta que termine la contingencia sanitaria. No es que los bancos sean unas damas de la caridad. Son negocios que saben que es mejor ser solidarios con sus clientes en momentos críticos a comportarse codiciosamente, lo cual, a la vuelta de la esquina, podría significar la quiebra de sus bancos.

Otro ejemplo. Las compañías de seguro, en caso de una pandemia, no están obligadas a pagarle a sus asegurados por dicha contingencia. Sin embargo, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, junto con su órgano regulador, han anunciado que sí pagarán y darán prioridad a la atención de aquellos que sufran algún padecimiento por el Covid-19.

No es cualquier cosa. Estamos hablando de 12 millones de mexicanos que cuentan con seguro de gastos médicos. Alrededor del 10% de la población podrá tratarse en un hospital privado si se contagian del coronavirus, lo cual le quitará cierta presión al sistema de salud público y generará ahorros para el Gobierno.

Otro ejemplo. Sé de algunas empresas que se han puesto de acuerdo con sus empleados para cerrar o reducir sus actividades durante la crisis sanitaria. Patrones y trabajadores pusieron de su parte para salvaguardar las finanzas del negocio y las fuentes de trabajo.

Hasta ahora, el único que no ha puesto nada sobre la mesa es el Gobierno. Supongo que el anuncio del Presidente, el domingo que entra, traerá algunos beneficios para empresas y empleados y, por ende, sacrificios para el erario. Bienvenidos sean.

Sin embargo, sigo pensando que lo ideal sería un pacto de solidaridad por el coronavirus donde todos pongan algo y se evalúen los compromisos al estilo de lo ocurrido en 1987.

El problema es que este pacto, muy exitoso, lo hizo un Presidente al que aborrece nuestro mandatario actual. Me refiero a Carlos Salinas. Para López Obrador, este tipo de acuerdos tienen, supongo, un tufo tecnócrata neoliberal. Además, la estrategia política de AMLO es siempre polarizar, incluso en momentos de emergencia, y un pacto de este estilo, por su naturaleza, es lo contrario, es decir, une a sectores con intereses e ideas diferentes.

Por tanto, no creo que vayan a aceptar un ejercicio de políticas públicas y coordinación social que, en la práctica, funcionó. Una lástima. Es el precio que estamos pagando por tener a un Presidente terco, de ideas fijas, que no está dispuesto a flexibilizar sus posiciones para evitar una crisis económica mayor.

Twitter: @leozuckermann

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