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Columnas VÍA LIBRE

“No sabíamos que era imposible y lo hicimos”

A dos semanas del inicio el ciclo escolar podría decirse que las clases han tomado ritmo. Los aprietos técnicos y humanos son cada día menores y los resultados puede asegurarse que son favorables.

Con esta frase coronó una entrevista el secretario de Educación Pública. Se refería al enorme esfuerzo que realizan tanto las autoridades de la materia, como mentores, educandos y padres de familia para cumplir con “normalidad” el ciclo escolar actual. El operativo incluye a las televisoras que, a decir del secretario, han mostrado la mejor disposición en esa tarea que implica difundir los más de 4,500 programas preparados (considerando hasta el mes de diciembre), que se estarán impartiendo a casi 30 millones de niños y niñas de educación básica. El proceso impulsado por el Gobierno federal es inédito y es una respuesta a la pandemia que naturalmente ha inhibido la enseñanza presencial.

Como era de esperarse, se han presentado problemas técnicos y las disparidades regionales y sociales evidencian límites en la disposición de equipos adecuados para recibir correctamente los contenidos al inicio del ciclo. Esto ha sido señalado en distintos noticiarios que, lejos de encomiar la estrategia, se dedican a magnificar los problemas del arranque: Que si en algún lugar de la sierra de Sonora no hubo conexión a tiempo, que si el Zoom se cayó, que si esto, que si aquello. Sí habrá problemas y muchos quizá, pero se podrán ir corrigiendo conforme avancen las actividades y mejore el manejo de estudiantes y profesores. Si en el arranque del semestre 2020-2 en la Universidad de Sonora surgieron problemas parecidos, qué podía esperarse del sistema básico donde el reto es educar a decenas de millones de mexicanos.

En la Unison, donde he dado clases durante 28 años, las dificultades fueron mayúsculas en los primeros días. De hecho, la molestia de profesores era tanta que el sindicato y no pocos profesores pedían posponer el inicio del semestre ¿Cuáles fueron los problemas? Principalmente que no se tenía el adiestramiento suficiente para manejar las plataformas digitales que se utilizarían en la modalidad de educación a distancia. Había dos opciones: La aplicación Teams o el Zoom, ambas amigables con una mínima capacitación a tiempo. La primera, de Microsoft, combina la videoconferencia con recursos que apoyan el seguimiento puntual de tareas, exámenes y actividades complementarias. En cambio, Zoom se circunscribe casi exclusivamente a la videoconferencia. Para profesores de cierta edad, manejar estas plataformas constituía un reto considerando que su rutina se reducía a dinámicas presenciales; es decir, no requerían ni se les exigía mayor preparación dado que el pizarrón constituía el apoyo pedagógico principal. El uso de esas plataformas implica ajustar los materiales de clase, digitalizar algunos de ellos, aprender el manejo de los nuevos dispositivos, lo que significa  una carga adicional que muchos no estaban dispuestos a asumir. Esto se volvió un problema para la institución dado que el sindicato estuvo al principio del lado de los profesores que se resistían a modificar sus métodos de enseñanza.

Para los estudiantes, más diestros en aprender las nuevas herramientas tecnológicas, la exigencia que representaba la educación a distancia era simplemente contar con los dispositivos apropiados para bajar las aplicaciones y usarlas eficientemente.

A dos semanas del inicio el ciclo escolar podría decirse que las clases han tomado ritmo. Los aprietos técnicos y humanos son cada día menores y los resultados puede asegurarse que son favorables. He escuchado que profesores con décadas de antigüedad están encantados y comentan que ésta ha sido, hasta ahora, una experiencia muy interesante. Creo que este tipo de educación llegó para quedarse. Aunque la modalidad en la educación básica es distinta, me atrevo a pensar que los problemas que están surgiendo se resolverán conforme avancen las actividades y el aprender-haciendo será la fuente de soluciones a los obstáculos que se enfrenten.

Destaca que la pandemia ha detonado procesos de digitalización que ya se  experimentaban antes de la emergencia sanitaria. Son procesos propios de la 4ª Revolución Industrial, que poblarán el desarrollo futuro.

Alvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía.

Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.

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