No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Vía Libre

Naturaleza del nuevo Estado mexicano

No es muy difícil entender que la concentración del mercado se logró con la complicidad deservidores públicos corruptos, con nulo interés en salvaguardar el patrimonio nacional.

El Gobierno federal anunció hace unos días la creación de una empresa estatal que se encargará de controlar las compras y la distribución de medicinas. Se dijo que la nueva empresa contará con un sistema de transporte y bodegas que garantizarán el abasto de medicamentos en todos los rincones del País, además de equipo médico y vacunas; tendrá el apoyo de la ONU que se encargará de que las compras en el extranjero sean realmente competitivas. Previamente los diputados federales habían aprobado la reforma a la Ley de Adquisiciones de la Administración, para permitir al Gobierno adquirir medicinas en el extranjero. ¿Cómo entender y justificar esta decisión que desplazará a las redes de distribución hasta ahora encargadas de esa tarea? La respuesta es sencilla: En complicidad con los laboratorios, los distribuidores encarecían artificialmente los medicamentos causando enormes pérdidas al erario público. Eso no podía seguir así, pero cambiar de proveedor no era una opción de corto plazo dada la estructura monopólica predominante tanto en la producción como en la distribución de medicamentos. Modificarla ley de adquisiciones suponía el riesgo de desabasto tal como ocurrió en el 2019 y lo que va de este año.

Dicho en otras palabras, a la empresa privada no la incentivaba la prestación de un servicio a cambio de una ganancia justa; son las ganancias extraordinarias su mayor motivación, su modus operandi. No es muy difícil entender que la concentración del mercado se logró con la complicidad deservidores públicos corruptos, con nulo interés en salvaguardar el patrimonio nacional.

A mediados del año pasado AMLO comunicó la creación del Banco del Bienestar en sustitución de Bansefi. El Banco del Bienestar tiene la encomienda de bancarizar todas localidades rurales y semirrurales, especialmente las más alejadas en la geografía nacional, a fin de cumplir con el propósito presidencial de que todos los programas de apoyo a los más pobres se apliquen sin intermediarios, es decir, directamente al beneficiario. Evidentemente la banca comercial, fiel a sus valores, no estaba dispuesta a establecerse en lugares donde no estuviera garantizada la rentabilidad. A la fecha se han construido 140 sucursales y están por terminarse 215 más.

Un caso que revela la importancia de este programa lo tenemos cerquita de Hermosillo, en Ures, Sonora. El banco comercial que operaba desde hace varias décadas cerró recientemente y con ello quedó interrumpida la tímida bancarización existente. Para remediar el problema se establecerá en esa localidad una sucursal del Banco del Bienestar. Buena noticia no sólo para los oriundos de la Atenas sonorense sino para todos los lugareños de la sierra y el Río Sonora.

Procesos parecidos a los registrados en el sistema bancario y en materia sanitaria se registran en el ámbito energético, con el fortalecimiento de Pemex y la CFE. Lo mismo se observa en el intento de rehabilitar una antigua fábrica de fertilizantes que fue desahuciada luego de quedar abandonada por las autoridades encargadas del ramo; en este caso una empresa privada desplazó a Fertimex como proveedora del fertilizante necesario en la actividad agropecuaria. Dicha empresa obtuvo enormes ganancias gracias ala negligencia de los funcionarios de un Gobierno que veía mal que el Estado participara en la economía.

Los ejemplos anteriores ilustran la restauración del papel activo del Gobierno en la dinámica económica. Al respecto, la pregunta obligada sería ¿Esa restitución del rol del Estado implicará el riesgo de repetir los excesos del pasado y amenazar la estabilidad macroeconómica? Habrá quienes respondan que sí, aunque a mi juicio la respuesta debiera ser que no, ante el hecho de que las condiciones actuales son diferentes; por lo menos así se aprecia en la notoria responsabilidad fiscal y monetaria con el que gobierna la actual administración.

En realidad, estamos frente a un fenómeno más complejo, que tiene que ver con el replanteamiento de la economía capitalista. La influyente economista, Mariana Mazzucato, sostiene que se trata de cimentar un capitalismo diferente donde el Estado asuma roles de mayor responsabilidad; parecería que en México esa agenda es predominante.

Alvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.

Comentarios