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Hay un tiempo para todo. Antes fue el tiempo del andar

Por Armando Fuentes Aguirre

MIRADOR

         Por Armando FUENTES AGUIRRE

Este viajero ha dejado de viajar.

El malhadado virus le cerró todos los caminos, lo mismo los del aire que los de la tierra.

No le apena, sin embargo, su confinamiento. Años y años pasó fuera de su casa, y ahora está en ella, tranquilo y sosegado.

Tampoco extraña su vagabundeo. ¿Cómo sentir nostalgia de los cuartos de hotel o de las carreteras y los aeropuertos?

Evoca, sí, el afecto de la gente a la que hallaba en su peregrinar. Al fin actor -actor será hasta el fin-, escucha el lejano eco de los aplausos de ayer, de las palabras bondadosas de quienes acudían a oírlo, y evoca a las buenas personas que lo agasajaban con el vino y el pan de su hospitalidad y lo llevaban a ver sitios maravillosos que lo deslumbraban.

Hay un tiempo para todo, dice el Libro. En otros términos declara lo mismo la sabiduría popular: hay tiempo de tirar cohetes y tiempo de recoger varas.

También hay tiempo de caminar y tiempo de detener el paso. Lo detiene el viajero y mira tras de sí un bello paisaje. Toma de la mano a la mujer amada y en su amor mira un paisaje aún más hermoso.

Hay un tiempo para todo. Antes fue el tiempo del andar. Ahora es el tiempo de los recuerdos y del amor que fue, es y será.

¡Hasta mañana!

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