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Mirador

 Las mujeres de la montaña no conciben la vida sin flores

Por Armando Fuentes Aguirre

MIRADOR

                   Por Armando FUENTES AGUIRRE

         Las mujeres de la montaña no conciben la vida sin flores.

         Cada casa es un vergel florido. En botes usados a modo de macetas crían pequeñas plantas que dan pequeñas flores, como ésta de nombre "amor de un rato". Sus flores son de color morado muy morado. Abren sus diminutos pétalos a la caída de la tarde, y luego de unos minutos los vuelven a cerrar. Amor de un rato.

         En los jardines, en cambio, crecen flores opulentas. Ésta posee resonante nombre: bandera de España, pues ostenta los colores rojo y gualda del lábaro español. Esta otra tiene nombre de mujer -¿o la mujer tiene nombre de flor?-, dalia.

         Las casas montañesas son de adobe o de block, grisáceos ambos. Pero sus paredes se adornan con el milagro colorido de las flores que cuidan las señoras.

         El invierno está bajando ya de lo alto de la sierra, y las preocupadas jardineras se disponen a meter sus macetas y botes a la casa, para que el frío no mate a sus amadas matas. Entonces las habitaciones se volverán jardines, y las señoras cuidarán de que el gato no pise las plantitas.

         Luego regresará la primavera, y las flores regresarán al aire y a la luz. Habrá terminado su confinamiento. Pise el gato donde quiera.

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