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Llegó el color rojo y sin más ni más me dijo:

-Soy el mejor color.

Por Armando Fuentes Aguirre

Llegó el color rojo y sin más ni más me dijo:

-Soy el mejor color.

Le respondí:

-Eso no lo diga usted. Suena a vanidad. Deje que sea otro quien lo diga.

El color rojo se sonrojó. Añadí:

-Además hay otros colores: El verde, el azul, el amarillo, etcétera. No faltará quien diga que uno de esos colores le gusta más que el rojo.

El color rojo se puso colorado, quizá por el enojo, por la confusión quizá. Me preguntó:

-¿Qué debo decir entonces cuando me presente?

Le aconsejé:

-Diga simplemente: “Soy un color entre los demás colores”.

Me dijo: 

-Es usted un buen consejero.

Le contesté:

-El mejor.

¡Hasta mañana!

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