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Columnas Análisis sin fronteras

Marzo 2020

Marzo 2020. Será un mes que todos, absolutamente todos recordaremos el resto de nuestras vidas.

Por Ana María Salazar

Marzo 2020. Será un mes que todos, absolutamente todos recordaremos el resto de nuestras vidas. Aun los más pequeños tendrán recuerdos, imágenes de lo vivieron estos días. La pregunta es ¿cómo lo recordaremos? y ¿cómo seremos recordados?
Porque cada hora que pasa es evidente que estamos viviendo un parteaguas para la vida social, económica, y política de la mayoría de nosotros. Desde los más pobres hasta los más ricos de México.

Para muchos despertarán ante una realidad de más necesidades, otros tratarán de regresar a una realidad donde habrá menos oportunidades, otros buscarán cambiar dramáticamente su rumbo, otros más prosperarán a mediano y largo plazo, pero son pocos los que caerán en esta categoría, relativamente pocos.

El presidente Donald Trump dijo que la crisis podría durar hasta julio o agosto de este año. El subsecretario Hugo López-Gatell comentó que podría durar doce meses. ¿A quién creer? Tal vez los dos tengan razón, uno estaría hablando de la crisis económica, el otro hablando desde la óptica clínica. Tal vez el Presidente está buscando pintar un panorama positivo porque está buscando su reelección en las elecciones en noviembre. Tal vez el subsecretario entendió de la debilidad estructural del sistema de salud de México, y lo difícil que será mitigar el impacto en el País en unos meses.

Pero el impacto de la crisis del Covid-19 será catastrófico para ambos países, y para el mundo y la recuperación será lenta. En el siguiente año el crecimiento de la economía será débil o nula, empresas grandes y pequeñas se verán obligadas a cerrar, habrá pérdida de empleos, y las necesidades básicas de la población se agudizará -aquí y alrededor del mundo.

La historia seguramente criticará a los presidentes de México y Estados Unidos ante la incapacidad que demostraron de ejercer un liderazgo que les diera la credibilidad necesaria para poder enfrentar la crisis. Pero también lo que surge de la debacle política a nivel nacional es la importancia del liderazgo en otros ámbitos -estatal, municipal, empresarial, social y hasta liderazgo dentro de nuestras familias-. Un liderazgo que podría definir la capacidad y la resiliencia de nuestra sociedad de mitigar el impacto de la crisis. Si algo que hemos aprendido de la experiencia de otros países que también enfrentan esta crisis es la importancia de reconocer nuestra responsabilidad compartida en controlar la propagación del Covid-19.

De nuevo hay que preguntarnos ¿cómo recordaremos este marzo 2020? y ¿cómo seremos recordados?

Y aunque los gobiernos nacionales al principio han minimizado la facilidad del contagio del Covid-19 y el impacto que tendría en la población y en la economía, también hay que decirlo -hay una responsabilidad de todos nosotros en asumir nuestras responsabilidades.

Y sorprende el egoísmo sistemático que inicialmente hemos presenciado por parte de todos. Egoísmo por parte de nuestros gobernantes, aquí y alrededor del mundo, que les dieron prioridad a sus intereses políticos -incluyendo no estar dispuestos a escuchar a los especialistas o no rodearse de expertos que estuvieran dispuestos a cuestionar sus errores. Ellos serán recordados por lo que hicieron, y tendrán que vivir sabiendo que este egoísmo resultó en la muerte y sufrimiento inimaginable de ciudadanos. Pero también el egoísmo de la mayoría de nosotros por pensar que la mayoría de nosotros quisiera pensar que probablemente no nos vamos a enfermar y si llegase a suceder “no nos vamos a morir”, por lo tanto, no vamos a someternos a las incomodidades de encuartelarnos, de cuidar nuestra salud y de dejar de socializar.

Yo les pregunto, ¿no sería terrible que uno de ustedes propiciara la muerte de un ser querido porque no quisieron tomarse la molestia de lavarse las manos o resguardarse como lo están pidiendo las autoridades? Qué difícil sería aceptar que por no tomar las medidas extremas uno de nuestros hijos enfermara a un compañerito y que esto resultara en contagio a todos los miembros de otra familia. O, sabiendo que un vecino, teniendo necesidades en medicina, comida o tal vez compañía, ¿no quisimos compartir o por lo menos ayudar? ¿Queremos que nuestros hijos nos recuerden apanicados, enojados, de mal humor porque todos tuvimos que estar encerrados por varias semanas?

El Gobierno está rebasado. La capacidad de poder mitigar y eventualmente sacar adelante a nuestra familia, empresas, comunidades y sobre todo el País, dependerá del liderazgo que cada uno de nosotros podamos ejercer en nuestros ámbitos.

Les pregunto por última vez… ¿cómo recordaremos este marzo 2020? y ¿cómo seremos recordados?

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