Columnas Batarete

Los Vaqueros de la Cruz del Diablo

El artista nos regala paisajes abruptos y bellos de la sierra alta.

Por Ernesto Camou

Acaba de aparecer en prensa un libro muy bonito, y además interesante, disfrutable, que explora las raíces de nuestra identidad y cultura, y pone ante nosotros lo que aún somos y lo que hemos sido: Eso que nos mueve a vestir como si fuéramos a campear una tarde por el monte, con botas, sombrero vaquero, cinto grueso, camisa de cuadros.

Un tomo extenso compuesto por cientos de fotografías de excelente calidad tomadas, la mayoría en la región de Huásabas, ahí donde cruza el río Bavispe que luego se torna en Yaqui. Un documento gráfico que explica y alimenta nuestras nostalgias.

El fotógrafo y autor es un estadounidense hijo de puertorriqueño y alemana, Werner Segarra se llama, pero en el pueblo todos lo conocen como “El Guarner” y llegó por primera vez a nuestra sierra en 1982 como estudiante de high school, a participar en un intercambio estudiantil con Arizona. Pasó 10 días en el pueblo, conviviendo con una familia, trabajando a la par con los hijos adolescentes en la milpa, el campo y la casa. Comiendo carne machaca, chile colorado y pinole; montando a caballo y asistiendo a las reuniones pueblerinas.

Le fascinó Huásabas, nos dice Yoyita Fontes en su texto La Historia de Huásabas y Werner Segarra, en el mismo libro, y decidió volver ese mismo año, en cuanto iniciaron las vacaciones de verano. Llevaba una cámara que le había prestado su mamá y ahí empezó a documentar la vida y costumbres de esa región de vaqueros. No ha dejado de visitar el pueblo y su segunda familia sonorense en casi 40 años; y no ha dejado de tomar fotografías, con lo cual ha conseguido un testimonio gráfico de la vida, cultura, costumbres, trabajos, diversiones y duelos de esos coterráneos que habitan en un rincón de la sierra, asiento de lo más fundamental de nuestra cultura. Contemplar sus fotos nos explica porqué tenemos esa nostalgia cotidiana de un rancho, para algunos mítico, pero persistente en nuestra vida y tradiciones.

El Guarner se metió a las cocinas y las recámaras; fotografío los tejavanes y las hornillas, a las mujeres cocinando y las muchachas haciendo tortillas y en sus diversiones. Siguió a los vaqueros en sus campeadas, nos los muestra en los corrales y en los potreros; captó a las reses desfilando por senderos agrestes y en las calles de los poblados; acudió a las fiestas, en la iglesia y en la cantina o frente al depósito.

Werner es un exitoso fotógrafo especializado en arquitectura, y un atinado testigo de nuestra vida campirana. Nos muestra a los vaqueros y sus familias como son, como Cristina Murrieta los define en su artículo Los pueblos y comunidades de la Sierra Alta: Sus rancheros y vaqueros, en el mismo volumen: “La gente de la sierra, desde San Miguelito de Bavispe hasta la parte baja de la sierra, por Sahuaripa y hasta Álamos responde aún a las costumbres y tradiciones de la buena vecindad, al legado ancestral de la amistad y la familia. Son personas recias y claras, fuertes, firmes y de mirada que traspasa el alma cuando de defender derechos, tierra familia y amistad se trata...”.

El artista nos regala paisajes abruptos y bellos de la sierra alta. Sus fotos de la Cruz del Diablo, esa barranca cruciforme que da nombre al libro, nos remiten al camino hacia Bacadéhuachi, y los pinares y encinos de esas montañas, donde los vaqueros conducen a las reses por senderos angostos y empinados, a la búsqueda de tinajas y pozas de agua donde calmar la sed.

El libro fue impreso por Editorial Trilce con apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Es una impresión excelente y cuidadosa, seguro no ha de ser barato y habrá que leerlo de prestado; pero se le agradece al Guarner por su talento para descubrirnos y darnos la oportunidad de reconocernos en sus fotos.

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