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Columnas Batarete

La resbaladiza visita a Trump

López Obrador ha demostrado habilidad y capacidad política para resolver los buscapiés que le han lanzado desde muy diversos ángulos.

Por Ernesto Camou

La semana próxima, miércoles y jueves, 8 y 9 de Julio, el presidente López Obrador realizará su primer viaje internacional, después de casi dos años de haber tomado posesión.

La decisión preocupa por muchas razones: En primer lugar viaja para marcar el inicio del Tratado México-Estados Unidos-Canadá de libre comercio, el T-MEC, que no resulta tan novedoso, es más bien una ratificación del anterior. Lo que tiene a una porción ingente de los mexicanos entre preocupados o encabritados, es que va a participar en un acto público en Washington, al lado de quien muchos consideramos un fantoche racista y un enemigo, si no del país, sí de los mexicanos, de aquí y de acullá.

Y para colmo, el “festejo” sucede a la mitad de la campaña por la reelección del republicano, que no las trae todas consigo: Su pésimo desempeño en el manejo de la pandemia, aunado a las dificultades económicas que se han suscitado, lo colocan en estos días más o menos un 15% debajo de su oponente Joe Biden. Es más que probable que los demócratas estadounidenses consideren que el Presidente de su vecino del Sur aceptó presentarse públicamente con el impresentable ejecutivo gringo para establecer una alianza escabrosa con Trump, y favorecer su reelección.

Esa posibilidad parece como un evento de “pierde o pierde”: Si el nuevo Presidente es Biden, su administración no estará muy contenta con el apoyo de AMLO a su rival anaranjado; si el triunfador es Trump (Dios no lo quiera), lo más probable es que repita el cuadro que ya representó con Peña Nieto: Olvidarse de cualquier soporte recibido y seguir con la retórica racista y antimexicana que le ha redituado apoyos entre una porción fanática y mal informada del electorado.

Además, si la visita es para conmemorar un Tratado con los Estados Unidos y Canadá, la probable ausencia del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dejará al anfitrión necio y maleducado con un huésped mexicano, al que ha intentado vapulear desde hace varios años; y AMLO se presentará sin un apoyo que podría ser sustancial: Frente al matoncito del barrio lo más conveniente es, o bien la discreta huida, o enfrentarlo con refuerzos para sortear los desmanes del abusivo.

Por último, pero también importante, López Obrados viaja hacia lo que es, en estas semanas, el centro mundial de la epidemia del Covid 19. No parece una decisión muy atinada de la actual administración que arriesga la salud no sólo del ejecutivo, sino de quienes lo acompañen. Si viaja en avión de línea, como ha sido su costumbre, el riesgo se acentúa por la proximidad y encierro con una o dos centenas de viajeros más, en los traslados, de ida y de vuelta... en esta ocasión pareciera justificado que presidencia rentara un jet mediano que permitiera ir y volver con más seguridad al gobernante y su comitiva.

Ahora bien, López Obrador ha demostrado habilidad y capacidad política para resolver los buscapiés que le han lanzado desde muy diversos ángulos. Parece seguro de poder resolver el desafío que Trump le presente, ¿o será que tiene la confianza de que el grosero personaje se va a portar bien, discreto y hasta cuidadoso de las formas en la visita a su casa?

El periplo a Washington se va a hacer, a pesar de tantos tropiezos posibles. Es de esperar que Relaciones Exteriores tenga una confirmación canadiense que asegure la visita del tercer invitado y posible aliado. Por otra parte, una estrategia absolutamente necesaria si ya se decidió posar para la foto con Trump, es sostener una entrevista pública aunque discreta, con Joe Biden, el candidato de los demócratas, por aquello de las dudas, que en esta ocasión no parecen tantas ni tampoco incertidumbre: El puntero es quien fungió como vicepresidente de Obama. Y ya encarrerados, no estaría mal saludar a don Barack, por aquello de prender una veladora más.

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