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Columnas Vía Libre

La polarización política en EU

En Estados Unidos suenan fuerte los tambores de guerra electoral; su ruido por momentos es ensordecedor. La semana pasada estuvo atestada de acontecimientos que revelan el nivel de crispación que se cargan los vecinos.

Por Alvaro Bracamonte Sierra

En Estados Unidos suenan fuerte los tambores de guerra electoral; su ruido por momentos es ensordecedor. La semana pasada estuvo atestada de acontecimientos que revelan el nivel de crispación que se cargan los vecinos. Uno de ellos fue la intentona demócrata de defenestrar (impeachment) al presidente Trump; no obstante, no pudieron romper la monolítica unidad de los senadores republicanos en torno a su correligionario. La absolución del magnate representó, como se esperaba, el relanzamiento de su campaña reeleccionista. Ni modo, los demócratas se la jugaron y perdieron. No tenían otra opción y fracasaron en su intento. 

Esa misma semana se cumplió con el mandato constitucional que obliga al Presidente a informar sobre el estado de la Unión. Lo hizo, como es la costumbre, a invitación de la líder de la House (Cámara de Representantes), la californiana Nancy Pelosi quien, como se sabe, es la política más anti Trump del momento. En la comparecencia Trump fue el Trump de siempre, aunque en esta ocasión dejó claro que acudió a la cita con las pilas bien recargadas. Dijo barbaridades y muchas mentiras, como es su costumbre, pero la anécdota que queda para el recuerdo es el atrevimiento de haber dejado con la mano extendida a Pelosi. Aunque no tuvo que esperar mucho por la respuesta ya que ella, cuando tuvo oportunidad y a la vista de todos, hizo añicos la versión impresa del Informe lo que luego justificó diciendo que cada hoja y cada párrafo contenían puras mentiras. 

El desenlace favorable del juicio de impugnación y su histrionismo durante la lectura del Informe, sirvieron para que Trump tuviera la mejor semana casi casi desde su toma de posesión, hace poco más tres años. Los sondeos de opinión levantados poco después del impeachment son contundentes: La aceptación de Trump rasguñó el 50%, nivel que no había registrado en el tiempo que lleva al frente de la Casa Blanca. 

A propósito del buen momentum que experimenta, no pocos analistas empezaron a decir que la reelección era muy probable, escenario que se descartaba inmediatamente hace apenas unos cuantos meses. Lo grave es que, del otro bando, el de los demócratas, no se atisba hasta ahora que se perfile un candidato sólido capaz de plantarle cara al terrible neoyorquino, peleador duro que no se tienta y no se tentará el alma para calumniar a su contrincante, cualquiera que este sea. 

Los demócratas están resolviendo su proceso interno, las primarias como lo llaman allá, que culminará con la elección de su candidato presidencial. Hasta ahora han concluido dos procesos locales y el asunto no pinta bien; antier celebraron la votación en el pequeño Estado de New Hampshire y la semana pasada en Iowa. Los resultados no sugieren un abanderado realmente fuerte. Quienes lideraban las encuestas a mediados y finales de 2019 se han derrumbado significativamente: Es el caso del ex vicepresidente Biden, que encabezaba la contienda interna con diferencias que entonces parecían irreversibles. Las votaciones hasta ahora efectuadas lo ubican en un lejano cuarto lugar, inconcebible tratándose del representante del establishment demócrata. Incluso si lograra remontar y ganar en la Convención de mediados de año, sería visto como un candidato débil e incapaz de derrotar a Trump. 

Si se confirma el derrumbe del ex vicepresidente, la candidatura demócrata quedará entre dos personajes iconoclastas: Bernie Sanders, quien encarna el espíritu transformador del sistema capitalista y hace gala de un gran arrastre ciudadano, especialmente entre los jóvenes; sin embargo su radical programa de Gobierno y el hecho de autocalificarse partidario del socialismo probablemente le resten posibilidades de triunfo; y Peter Buttigieg de apenas 38 años, ex alcalde de una pequeña ciudad de Indiana, quien ha dado la sorpresa y, a pesar de ser un político considerado moderado, no pertenece a la nomenclatura demócrata que apoya a Biden. 

Porque lo que pase en Estados Unidos afecta a México, más vale estar pendientes de las elecciones en ese país.

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