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Columnas

La medicina partida en dos

La estructura de muchos hospitales ha tenido que modificarse para adaptarse al estudio y atención de las personas infectadas por este bicho

Por Jesús Canale

Durante los últimos meses las noticias, los comentarios y hasta las conversaciones familiares de sobremesa sobre salud han detenido su múltiple temática para concentrarse en solo dos aspectos: La Covid-19 y las otras dolencias, y nadie es ajeno al hecho de que el primer aspecto ha ocupado el 90% del tiempo e intensidad en temas de salud. Esto pasa tanto entre los profesionales de la salud como en los demás. Entre enfermeras, enfermeros, médicos, químicos clínicos y demás profesionales de la salud, incluyendo los administradores sanitarios, prevalece hoy esa dedicación asimétrica de preocupación y ocupación. Súbitamente aparecen profesionales de la salud especializados en Covid-19, y no es para menos. Los epidemiólogos ocupan hoy un sitio central y en primera fila. La necesidad por tener equipos personales de protección para minimizar los riesgos de contagio por este virus ha forzado a millones de médicos, enfermeras y químicos a hacerse de cajas y más cajas de guantes, mascarillas de alta eficiencia, caretas, batas impermeables, goggles, botas clínicas, y quién sabe qué más cosas, además de preparaciones para higienizar, desinfectar o eliminar gérmenes. Y mucho más: La estructura de muchos hospitales ha tenido que modificarse para adaptarse al estudio y atención de las personas infectadas por este bicho, y también adaptaciones como la dirección de los flujos de aire que atraviesan por pasillos y habitaciones de clínicas y hospitales, por ejemplo. Y algo aún más grave: Los recursos humanos y financieros dedicados hace apenas unos meses para la atención de todas las enfermedades hoy visiblemente se tambalean pues tienen que dividirse entre los dos grandes capítulos: La Covid-19 y todo lo demás, dejando en desventaja a “todo lo demás”, y por eso es que hospitales enteros se convirtieron en “hospitales Covid” y hasta apareció en el argot sanitario el nuevo término de “reconversión hospitalaria”. También ocurre que muchos procedimientos médicos y quirúrgicos se han aplazado indefinidamente para ceder turno a la atención “covídica” (palabra, ésta, recién nacida). Nueva palabra es también la de “covidario” que denota un departamento, unidad o establecimiento dedicado a la atención de la Covid-19. Ni qué decir de los esfuerzos destinados a la investigación médica, que se han ladeado mucho más hacia la identificación de productos efectivos para tratamiento anti-covídico y sobre todo para la generación de una vacuna segura y efectiva, para lo cual se han invertido ya miles de millones de dólares por acá y de euros por allá. Es muy explicable -aunque no por eso conveniente- que cada vez que el personal de salud ve acercarse alguna persona a las puertas de un servicio de urgencias o a la recepción de un consultorio o de un laboratorio piense, sin querer pensarlo, que se trata, hasta demostrar lo contrario, de un probable caso de Covid-19 y, aunque es correcto considerar a toda individuo como un probable portador del virus, es comprensible que el personal se muestre un tanto a la defensiva. Todas estas novedades, que de ninguna manera son todas las que hay al respecto, han provocado un desbalance en la preocupación por la salud tanto a nivel individual como colectivo; es explicable. Pero como que ya es tiempo de adaptarse, ganar confianza, crecer en optimismo aun en medio de las tribulaciones e ir encontrando la manera de ser cada quien mujer u hombre de su tiempo. Y este es el tiempo que nos tocó vivir y es el que tenemos que aprovechar, y aprovecharlo muy bien.

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com

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