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Columnas

La importancia de la capacidad de reflexión

A lo largo de toda la existencia es sumamente importante aprender a reflexionar sobre los actos que se piensan realizar o que se han efectuado y sacar consecuencias prácticas.

Por Raúl Espinoza

Vivimos en una cultura contemporánea en que lo que premia y valora es la inmediatez: “Hoy, ahora y cuanto antes”. Y esto en todos los ámbitos, en el trabajo, en el estudio, en la toma de decisiones, etc. Pero esto no es una problemática sólo actual, sino que existe desde que el hombre habita en la faz de la Tierra.

Todos sabemos que la prudencia una virtud capital en la que se analizan con calma los pros y los contras de una determinación; los convenientes e inconvenientes; recabar antecedentes de un asunto; pedir opinión a los expertos y especialistas. De esta manera hay menos probabilidades de equivocarse.

Hace poco vi una película titulada: “Lejos del mundanal ruido” basada en la novela clásica de Thomas Hardy, con actores destacados como Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen y Tom Sturridge.

El argumento se centra dentro de la segunda mitad del siglo XIX en la era victoriana de la región campirana de Inglaterra. Una chica casadera es la protagonista principal. Como era atractiva, lista y acababa de recibir una jugosa herencia, no le faltaban pretendientes para contraer matrimonio.

Uno de ellos era un rico hacendado, buen hombre, con virtudes. Le declara su amor en varias ocasiones, pero ella invariablemente rechazaba su ofrecimiento.

Había otro granjero con algunas propiedades, de condición más bien modesta pero de buen corazón, que también le propone matrimonio, ella lo rechaza en forma tajante.

En un momento dado de la película, la protagonista afirma que no le interesa casarse, que prefiere quedarse soltera de por vida.

Pero el día menos esperado, aparece en el pueblo un soldado británico, apuesto y experto en el arte de amar y pronto la seduce con ciertos actos de audacia y le insiste que la ama apasionadamente.

Pocos se explican cómo aquella joven tan recatada y prudente, se pone de novia con aquel advenedizo soldado. De inmediato el granjero le advierte que tenga cuidado con el militar porque tenía antecedentes poco recomendables y que no le garantizaba un feliz matrimonio.

Ella no hace caso alguno porque está como embelesada por aquel apuesto galán. Pronto se ponen de novios y se casan en breve tiempo. Todos fueron actos precipitados.

Una vez como esposos, ella descubre desilusionada: 1) tenía una amante y un hijo natural; 2) el soldado no trabajaba y le sacaba el máximo dinero posible a la chica. 3) Apostaba en los juegos irresponsablemente y las deudas las tenía que pagar la esposa; 4) era alcohólico, presumido y perezoso.

Lo que plantea el novelista es cómo esta mujer fue capaz de cometer un mayúsculo acto de imprudencia, perdiendo toda objetividad en sus actos, dejándose llevar por sus impulsos y pasiones, que, a fin de cuentas, la llenó de dolor y amargura.

Es importante considerar que cuando se pierde la capacidad de reflexión sobre los propios actos se llegan a cometer graves errores y equivocaciones. Pensaba en tantas mujeres que cometen el mismo error y pronto se separan del marido. O bien, en aquellos hombres de empresas que se lanzan a una aventura para invertir una fuerte suma de dinero en un negocio que no garantiza y luego viene la quiebra.

No es posible olvidar aquella crisis financiera de 2008 que se originó en Estados Unidos, tan grave como la de 1929. Los vendedores inmobiliarios comenzaron a ofrecer residencias, casas de campo, coches, etc. otorgando un cómodo sistema hipotecario. Sobre todo, a inmigrantes y personas de escasos recursos.

Esta problemática tuvo dos caras de una misma moneda. Por una parte, los que adquirieron esos bienes inmuebles no consideraron el monto global de su endeudamiento a largo plazo, que era por muchísimos años ni los intereses mensuales que deberían de pagar, así que en muy poco tiempo adquirieron una deuda insostenible para su modesta economía. Desde luego fue un acto de imprudencia e incapacidad de reflexión acerca del compromiso que estaban adquiriendo.

Recuerdo una fotografía dramática, de unos inmigrantes que vivían en una lujosa residencia y, con ocasión de sus fuertes deudas, tuvieron que abandonarla e instalarse temporalmente en tiendas de campaña dentro de lo que era su jardín. Así que la pobreza prolifero rápidamente en miles de personas que se quedaron sin hogar.

Por el otro lado, fue lamentable que los que vendían esas casas, se conformaron con recibir sus comisiones por las ventas y no se interesaron del desastre económico que provocarían a nivel nacional e internacional.

Cuando los expertos dieron la voz de alarma de esa burbuja financiera que se estaba viviendo, ni Wall Street ni los demás grandes bancos les dieron importancia alguna. ¿Cómo se explica esto? Por codicia, ambición de ganar más dinero a toda costa y una grave irresponsabilidad. Luego vinieron las medidas punitivas y se tipificaron como delitos penales dichos abusos.

A lo largo de toda la existencia es sumamente importante aprender a reflexionar sobre los actos que se piensan realizar o que se han efectuado y sacar consecuencias prácticas.

Por ejemplo: “Me he equivocado en esto y lo otro; en cambio, tuve estos buenos aciertos”. Y nunca olvidar esas experiencias de vida que son fundamentales en la madurez de la personalidad.

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