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Columnas De política y cosas peores

La educación y el virus

La enseñanza por medios electrónicos está muy lejos de servir de sustituto eficaz a la educación tradicional. Sobre todo en el caso de los niños y jóvenes la presencia del maestro es factor esencial para el aprendizaje.

Por . Catón

La parejita de recién casados llevó a cabo su primer acto de amor. El galán, placenteramente fatigado, cayó de espaldas en el lecho al lado de su amada, poseídos los dos por la dulce satisfacción que da la entrega mutua de cuerpos y almas. Sobre todo de cuerpos. "Te amo" -le dijo él con emoción a ella. Pidió la joven desposada: "Repítemelo". "¡Te amo!" -volvió a decir con más vehemencia el enamorado novio. "No -le aclaró la chica-. Repíteme lo que acabamos de hacer". (Espera un poco, joven desposada. Recuerda lo que un ranchero dijo en trance parecido: "No es lo mesmo dar que recebir"). Un hombre caminaba por la playa cuando las olas arrojaron a sus pies una lámpara de forma extraña. La recogió y la frotó para limpiarla. ¡Barrrooom! -de entre una nube de humo surgió ante él un genio del Oriente. El hombre había leído que en esos casos se piden tres deseos, de modo que le dijo al gigantón: "Quiero mucho dinero, una hermosa mujer y la fuente de la eterna juventud". "Cab... -respondió con enconoso acento el genio-. ¿Crees tú que si pudiera yo conseguir eso estaría viviendo solo, pobre y viejo en esta chinche lámpara?". Hay un dicho mexicano que se dice ante una circunstancia adversa: "Peor es chile y agua lejos". El fementido virus que ha dado la vuelta al mundo -y lo ha volteado- causó ya muy graves daños a las tareas educativas públicas y privadas en el País. La enseñanza por medios electrónicos está muy lejos de servir de sustituto eficaz a la educación tradicional. Sobre todo en el caso de los niños y jóvenes la presencia del maestro es factor esencial para el aprendizaje. Así las cosas, el convenio hecho por el Gobierno federal con las grandes cadenas televisivas es un empeño plausible, pero de dudosa eficacia para remediar los nocivos efectos de la ausencia de los alumnos y maestros en las aulas. Más de uno dirá que el tal convenio fue más para las cámaras que para la escuela. Pero en fin, peor es chile y agua lejos. Don Chinguetas y doña Macalota veían una película en la tele. El protagonista besó apasionadamente -french kiss, para mayor precisión- a la heroína. Le dijo la señora a su marido: "Tú no me besas así". Replicó don Chinguetas. "A él le pagan". (Nota: El beso más largo en la historia del cine se lo dieron Regis Toomey y Jane Wyman en la película "You're in the Army now", 1941, con Jimmy Durante y Phil Silvers. Ese beso, aunque parezca increíble, duró 3 minutos con 5 segundos). Himenia Camafría, célibe de 39 abriles -más algunos mayos y uno que otro junio-, asistió a una conferencia sobre relaciones humanas. Manifestó el disertante: "El hombre tiene una gran diferencia con la mujer". Pidió con ansiedad Himenia: "¡A verla!". Pepito estaba haciendo la tarea que encargó la maestra de formación de valores. Le preguntó a su mamá: "¿Es cierto que estamos en el mundo para servir al prójimo?". Respondió la señora: "Así es, hijito". Volvió a inquirir el chiquillo: "¿Y pa'  qué chin... está en el mundo el prójimo?". Don Cucurulo, profesor de filosofía, fue solo a comer en restaurante. Ordenó su platillo, y mientras le llegaba se puso a leer "El ser y el tiempo", de Heidegger, un libro casi tan difícil de entender como la 4T. Leyendo estaba esa obra inextricable cuando sintió ganas de dar trámite a una urgencia natural menor. Sin dejar de leer se dirigió al baño, y con el libro abierto ante sus ojos empezó a hacer lo que había ido a hacer. Lo mismo hacía a su lado un individuo que de seguro se había tomado algunas copas, a juzgar por su habla tartajosa. Volvió la vista el tipo hacia don Cucurulo y le preguntó: "Perdone, mi estimado. Con todo respeto: ¿Qué para mear necesita partitura?". FIN.

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