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De política y cosas peores

La dicha de contar con López-Gatell

Con toda su moral a cuestas el Presidente ha sido contagiado por el virus ya dos veces, y quién sabe a cuántos habrá contagiado él

Por . Catón

Doña Moneta, sexagenaria dinerosa, se divorció de su provecto cónyuge para casarse con un hombre 30 años menor que ella. Le dijo a su marido: "Seguramente tendré con él los mismos pleitos que contigo, pero él tiene todavía con qué reconciliarnos". "Hola, mi amor -dijo el señor en el teléfono-. Hoy llegaré a la casa más temprano. Espérame con un vaso de tinto; ponte el negligé negro que te compré hace poco, el brassiére de media copa, la pantaletita roja, las medias de malla, los zapatos de tacón aguja, y prepárate a hacerme lo que tanto me gusta que me hagas. Y ahora, por favor, mi vida, pásame a mi esposa". Al terminar la cena don Algón, salaz ejecutivo, le sugirió a su bella acompañante: "¿Qué te parece, linda, si en seguida disfrutamos de un expreso?". "Está bien -accedió la chica-. Lo haré lo más rápidamente que pueda". Los nombres se me escapan como pájaros que huyen de la jaula. Por eso no recuerdo cómo se llamaba el antiguo poeta que improvisó una décima para afear la conducta de un irreflexivo mozalbete que en tertulia de escritores se jactó de haber besado a una doncella conocida de todos. He aquí ese galano reproche: "Dicha que es dicha no es dicha. / Dicha si fuese callada. / ¿No bastaba ser gozada, / sino ser gozada y dicha? / Ah, qué tremenda desdicha / es la de los hombres sabios / que convierten en agravios / los favores, y es gran mengua / tenga desdichada lengua / quien tuvo dichosos labios". Ciertamente la palabra "dicha", entendida como felicidad, no pertenece al lenguaje incoloro, inodoro e insípido de la política, sino más bien al de la poesía. Por eso a algunos sorprendió que quizás en un arranque de lirismo haya dicho López Obrador que para él es una dicha tener entre sus colaboradores a López-Gatell, el que en otro arrebato lírico del mismo jaez expresó que AMLO es un líder moral, no de contagio. Con toda su moral a cuestas el Presidente ha sido contagiado por el virus ya dos veces, y quién sabe a cuántos habrá contagiado él por no usar cubrebocas, excepción hecha de las ocasiones en que viaja a los Estados Unidos. Allá sí se porta bien. Por otra parte no alcanzo a discernir qué dicha puede haber en tener a un colaborador como Gatell, cuya única habilidad consiste en disfrazar con palabrería sus insuficiencias, por las cuales una y otra vez ha errado en su manejo de la pandemia y ha llevado a México a ocupar uno de los peores lugares en la lucha contra el Covid. Dichoso ese López, que puede dar dicha al Presidente en un tiempo en que el País sufre toda suerte de desdichas. "Lo hiciste por debilidad -repitió el severo genitor las palabras de su hija-. ¿Y quién diablos te dijo que eso es vitamínico?". El chef se preocupó bastante cuando supo que por error se había servido a los asistentes a una cena de predicadores el postre destinado a un banquete de bodas: Rebanadas de sandía bañadas en vodka. Les preguntó a los meseros cómo habían reaccionado los ministros religiosos al probar aquello. "Pienso que bien -dijo uno de ellos-. Todos los reverendos cogieron las semillas de su sandía y se las echaron a la bolsa". Aquellos dos compadres empinaron el codo más de lo que aguantaba el resto de su cuerpo. Empezaron con "Usté es mi amigo", siguieron con "Usté es mi hermano" y terminaron con "Yo soy su padre". En el hervor de la borrachera uno le dijo al otro: "Su mujer hace el amor con todos los hombres del pueblo". Opuso el otro: "Eso es una gran mentira". "Se lo repito y se lo pruebo -reafirmó el primero-. Su esposa hace el amor con todos los hombres del pueblo". "No es cierto -volvió a negar el otro-. Conmigo no lo hace". FIN.

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