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Columnas De política y cosas peores

Intelectuales

López Obrador calificó a un grupo de intelectuales de “leales al Gobierno”. Con eso les quitó la calidad de intelectuales

Por . Catón

Motel Kamawa. Habitación 210. La linda chica se afanaba en llenar un cheque. Le dijo a su maduro galán: “Caramba, don Vetulio. Tampoco su pluma funciona”. La suegra y la esposa del explorador estaban atadas a sendos postes en torno de los cuales los caníbales bailaban una ominosa danza. El explorador bailaba junto con los salvajes, y lanzaba gozosos ululatos de alegría. La señora le dijo a su hija: “Ya no me cabe ninguna duda, Arpina. Tu marido no nos quiere ni a ti ni a mí”. El inspector escolar detestaba cordialmente a Pepito. En el examen de aritmética le preguntó a un niño: “Si tengo dos gotitas de agua, y luego otras dos gotitas, ¿qué tengo ahora?”. Contestó el niño: “Cuatro gotitas de agua”. En seguida, con expresión maligna, el inspector le preguntó a Pepito: “Si tengo 2 mil 397 gotitas de agua, y luego mil 175, y después 892, y en seguida 37, y por último nuevo gotitas de agua ¿qué tengo ahora?”. Respondió al punto el chiquillo: “Un charquito”. La madre del joven Leovigildo se preocupaba por la salud moral y física de su retoño. Lo interrogó: “Dime, hijo: ¿Estás saliendo con muchachas buenas?”. “Sí, madre -le aseguró el muchacho-. No tengo dinero para salir con muchachas malas”. López Obrador calificó a un grupo de intelectuales de “leales al Gobierno”. Con eso les quitó la calidad de intelectuales. Un verdadero intelectual no guarda lealtad a ningún Gobierno ni a gobernante alguno: Su pensamiento es libre, crítico, y no debe fidelidad más que a su conciencia. Si en verdad los mencionados por AMLO son leales a su régimen eso significa que han abdicado de su integridad, de su independencia personal. Ellos son los verdaderos intelectuales orgánicos. Forman parte ahora de la mafia del poder. Otros intelectuales -muchos ya- han reconocido honradamente que se equivocaron al dar su voto y su inicial apoyo al tabasqueño. Los citados por AMLO dan la impresión de seguir siendo sus incondicionales. Pero el tiempo siempre pone las cosas en su lugar. Algún día se darán cuenta de que haber estado con López Obrador no fue un honor: Fue un error. Noche de bodas. Terminado el primer trance nupcial la ingenua novia se levantó del lecho y fue a hacer una anotación en su diario. Luego se encaminó al baño. El novio, poseído de insana curiosidad, acudió a leer las palabras que su  cándida mujercita había escrito. Leyó esto: “Lo que acaba de suceder fue una experiencia terrible. Sólo me sostiene la convicción de que no se repetirá otra vez”... Glafira, la hija de don Poseidón, tenía un novio de nombre Remisio. Cinco años llevaban ya de relaciones y el tal Remisio no daba trazas de abrigar intención matrimonial. Una prima de Glafira que hacía tiempo no la veía le puso un mensaje: “¿Ya te pidió tu novio la mano?”. Respondió ella: “Eso es lo único que no me ha pedido”. Un hombre entró en el Bar Ahúnda. Llevaba con él a un perro de raza indefinida. El can se fue directo al piano, y ante el asombro general tocó a la perfección el Impromptu 3 de Schubert, un Arabesque de Debussy y la Rapsodia Húngara número 2 de Liszt. El cantinero exclamó entusiasmado: “¡Qué maravilla de perro!”. Replicó el tipo: “Te lo vendo. Dame 100 pesos por él”. El de la taberna se sorprendió. “¿Por qué lo vende, y tan barato?”. Explicó el otro: “Solamente sabe tocar música clásica, y la billetiza está en la popular”. Don Carmelino Patané y su esposa cumplieron 40 años de casados, y fueron a una segunda luna de miel. Al regreso del viaje el hijo del señor le preguntó a su padre cómo le había ido. “No muy bien -suspiró don Carmelino-. La primera vez tu mamá no hallaba cómo contenerme. Ahora no hallaba cómo consolarme”. FIN.

CATÓN

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