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Columnas De política y cosas peores

Humor dominical

Difícilmente puedo describir ese insólito espectáculo. Todas las parejas que habían ido a cenar en aquel restaurante estaban haciendo el amor en forma apasionada, unas sobre su mesa, sobre el piso otras.

Por . Catón

Difícilmente puedo describir ese insólito espectáculo. Todas las parejas que habían ido a cenar en aquel restaurante estaban haciendo el amor en forma apasionada, unas sobre su mesa, sobre el piso otras. El gerente del local se dirigió al violinista gitano y le dijo con preocupación: “Creo que tendrá que moderar su música, maestro. Está resultando demasiado inspiradora”. A propósito de zíngaros, una lindísima gitana acudió a la consulta del doctor y le mostró unas extrañas manchas verdes que le habían salido en la parte interna de los muslos.

Después de breve examen le indicó el facultativo: “Dile a tu novio que sus aretes no son de oro”. (No le entendí). El papá de Pepito sentó al pequeño en su regazo y le contó lleno de ternura: “Una noche de luna tu mamá y yo pensamos que estabas muy solito. Entonces juntamos nuestros corazones en un beso de amor y luego le escribimos una cartita a la cigüeña. Pronto te traerá un hermanito”. Manifestó el chiquillo: “Entonces voy a tener dos, porque mi mami está embarazada”. Afrodisio Pitongo, hombre proclive a los deleites de la carne, llevó a su departamento a Florilí, muchacha muy decente, y ahí le hizo una proposición muy indecente. Ella rechazó la invitación. “Si paso aquí la noche -declaró- me odiaré por la mañana”. Sugirió Afrodisio: “Nos levantamos tarde”. Sor Bette estaba meneando con un gran cucharón el cazo donde se hacía el riquísimo rompope que las religiosas elaboraban en su convento. Entró en la cocina la madre superiora y vio el color del rompope. Le dijo a sor Bette: “Échele más huevos, hermana”. La monjita se ruborizó y empezó a menear con mayor fuerza. Tres amigos conversaban en el bar. Su charla derivó hacia la diferencia que hay entre miedo y pánico. “Miedo -opinó uno- es lo que sientes la primera vez que no puedes la segunda vez. Pánico es lo que sientes la segunda vez que no puedes la primera vez”.

Manifestó el segundo: “Miedo es lo que sientes cuando tu esposa te dice que está esperando. Pánico es cuando te lo dice tu secretaria”. Declaró el tercero: “En mi caso mi señora tiene miedo de que se le vaya a ir la muchacha que le ayuda en la casa, y yo tengo pánico de que algún día me vaya a ver con ella”. Don Chinguetas estaba en una cama de hospital vendado de pies a cabeza igual que momia egipcia. Le preguntó un amigo que lo fue a visitar: “¿Qué te pasó?”. Con lamentosa voz respondió el lacerado: “Pie de atleta”. “¿Pie de atleta?” -se sorprendió el amigo. “Sí -confirmo penosamente don Chinguetas-. Un levantador de pesas me encontró con su mujer y me agarró a patadas”. El airado cliente se presentó con su esposa en la administración del hotel Hucho y le reclamó lleno de enojo al administrador: “Nos habían dicho que este era un hotel decente, pero ahora sabemos que no lo es”. “¿Qué sucedió, señor?” -se preocupó el empleado.

Narró el huésped: “Acabamos de ver a un hombre en cueros que perseguía por el jardín a una mujer igualmente desnuda”. Inquirió el administrador: “¿La alcanzó?”. Respondió el cliente: “No”. Sentenció el otro: “Entonces sigue siendo un hotel decente”. La muchachita le preguntó a su padre: “Papi: ¿Qué es el amor?”. “¡Qué voy a saber yo de eso! -contestó el señor-. ¡Tengo 15 años de casado!”. Don Algón fue al teatro, pues aquella noche actuaba en la obra una linda actricita a la que le tenía puesto el ojo. Entre un acto y otro de la pieza fue a su camerino y le mostró un anillo de brillantes. “Será tuyo -le dijo- al final del acto”. Preguntó la chica: “¿Del tercer acto?”. “No -aclaró don Algón-. Del acto”. FIN.

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