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Columnas Jaque Mate

Hambre y Covid 

Para los ricos y las clases medias el hambre es un problema muy lejano.

Por Sergio Sarmiento

En un artículo publicado en el New York Times el 22 de abril, Abdi Latif Dahir escribe: “El hambre es una amenaza más inmediata que el virus. La pandemia del coronavirus ha traído hambre a millones de personas alrededor del mundo. Los confinamientos nacionales y las medidas de distanciamiento social están acabando con trabajos e ingresos y probablemente van a generar disrupciones de la producción agrícola y las rutas de aprovisionamiento, lo cual dejará a millones con la preocupación de si tendrán lo suficiente para comer”. 

Para los ricos y las clases medias el hambre es un problema muy lejano. Millones en el planeta se han recluido, ya sea de manera voluntaria o en acatamiento a órdenes gubernamentales, porque tienen recursos ahorrados o ingresos que les permiten sobrevivir sin salir a trabajar, aunque quizá con una disminución de su nivel de vida. Para los más pobres, sin embargo, el verdadero problema no es el coronavirus sino el hambre. 

Es falso, por supuesto, que el Covid-19 no sea una enfermedad grave. Donald Trump quiso minimizarla al afirmar que se trataba de un “engaño” y luego al decir que era menos peligrosa que la “influenza común” que “mató el año pasado a 37 mil estadounidenses”. La consecuente negligencia de su Gobierno ha sido muy dañina para Estados Unidos y está costando vidas. 

El mal es muy serio. Ayer el subsecretario Hugo López-Gatell dijo a EFE que probablemente causará en México de 6 mil a 8 mil muertos. No es poco. Es casi un 20% de las más de 39 mil muertes anuales por accidentes en calles o carreteras nacionales. 

Es importante aplicar medidas sanitarias eficaces, pero también respetar, en lo posible, la actividad económica para tratar de preservar el empleo y los ingresos de los más pobres, los que no tienen más opción que seguir trabajando. 

“Son los pobres los que están empezando a sufrir hambre y se enfrentan a la perspectiva de la inanición”, señala Dahir. Cita en su artículo a Arif Husain, economista en jefe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas: “Alrededor de 135 millones de personas estaban sufriendo con anterioridad escasez aguda de alimentos, pero 130 millones más podrían padecer hambre en este 2020”. En otras palabras, al cierre de este año 265 millones en el mundo podrían sufrir hambre, casi el doble que en 2019, a pesar de que durante décadas la población con hambre en el mundo había venido disminuyendo. 

En México, mientras “las calles y las plazas” se han llenado del mensaje “Salva vidas, quédate en casa”, como escribe Jorge Ricardo en Reforma, los pobres no tienen opción: “Para mí la panza de los de mi familia y la mía está primero”, “Yo tengo que ver la forma de dónde sacar la lana; si no la saco yo, ¿quién?”. Los ricos pueden aislarse y dejar de dar trabajo a los pobres. Un albañil declara como se quedó sin empleo: “Es gente que, pues, son ricos y ahorita están espantados, no quieren a nadie en su casa”. 

Nada más del 13 de mayo al 6 de abril se destruyeron 346 mil empleos formales en México, según la secretaria de trabajo Luisa María Alcalde. En todo este 2020 podrían perderse quizá 2 millones. Entre los informales podrían ser muchos más los que se queden sin ingresos. Estamos a punto de entrar a una verdadera crisis humanitaria. 

Para los pobres, efectivamente, el hambre es hoy una amenaza más grave que el coronavirus. Esto no lo entienden los ricos ni las clases medias, mucho menos los políticos que emiten sin reflexionar reglas que destruyen empresas y empleos. 

Egoístas

Silvano Aureoles, gobernador de Michoacán, tildó de “egoístas” a los abogados que promovieron un amparo contra sus medidas de confinamiento forzoso. No se preocupó, sin embargo, del daño que causaban sus acciones ni de que fueran inconstitucionales. 

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