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Columnas Análisis sin fronteras

García Luna y los gringos

El escándalo es mayor, pero sobre todo es catastrófico para el futuro de la relación bilateral en cuestiones de seguridad y justicia.

Por Ana María Salazar

Genaro García Luna era el funcionario consentido del Gobierno de los Estados Unidos. Y él se benefició de ese consentimiento y reconocimiento. Al inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto, él se establece en Estados Unidos donde abre varios negocios en ese país y en México. Esto es un patrón muy similar al de otros ex funcionarios mexicanos que mantuvieron buenas relaciones de cooperación con el Gobierno estadounidense.

Y a pesar de llevar años viviendo en el país vecino, y de buscar la ciudadanía, ahora es arrestado y enfrenta un juicio por recibir dinero y facilitar tráfico de drogas a partir del 2001. Con su arresto y eventual juicio, sería el ex funcionario mexicano de más nivel que enfrenta un proceso en México y Estados Unidos.

¿Qué pasó? ¿En verdad el Gobierno de los Estados Unidos no sabía de los posibles vínculos de García Luna con el crimen organizado hasta que surgió la información de un testigo protegido en el juicio del "Chapo" Guzmán?

El escándalo es mayor, pero sobre todo es catastrófico para el futuro de la relación bilateral en cuestiones de seguridad y justicia.

No sería la primera vez que un funcionario mexicano de nivel es cuestionado y enjuiciado. Recordemos esas famosas palabras del general Barry McCaffrey, quien aseguró en 1996 en una conferencia de prensa que “has my man in Mexico” -su hombre en México- era el general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, quien fungía como zar antidrogas durante el Gobierno de Ernesto Zedillo. Gutiérrez Rebollo sólo duró en el cargo 72 días, ya que en febrero de 1997 fue detenido en México, acusado por las autoridades militares, enjuiciado y condenado por proteger a los líderes del cártel de Juárez.

Y vaya que eso fue un escándalo en su momento.

Pero la diferencia con García Luna es que fue secretario, es detenido y enfrentará cargos en una corte estadounidense. Además de ser un funcionario cercano, muy cercano al Gobierno de los Estados Unidos.

Más allá del impacto que tendrá para la reputación de México el arresto de Genaro García Luna, hay que subrayar la terrible realidad de lo que representa la detención y eventual juicio del ex secretario de Seguridad Pública: Décadas e inversiones perdidas en lo que fue un gran esfuerzo de México por desarrollar una Policía civil con la capacidad y credibilidad para “desmilitarizar” con el tiempo la lucha en contra del crimen organizado. Y aunque seguramente se argumentará que en el sexenio de Peña Nieto y ahora durante la Cuarta Transformación se fue debilitando a la Policía Federal hasta desaparecerla, hay que reconocerle a García Luna su capacidad de construir lo que era esa esperanza de toda democracia: Tener policías que protegen a las ciudadanas y no parte del crimen organizado.

Y un factor fundamental en apoyar políticamente y con recursos fue el Gobierno de Estados Unidos, que mediante la Iniciativa Mérida inyectó miles de millones de dólares. Y en su momento la cara de la Iniciativa Mérida era el secretario García Luna.

Seguramente estarán en entredicho la Iniciativa Mérida y otros programas de cooperación entre México y en Estados Unidos. La Iniciativa Mérida surgió en 2008 como un tratado entre Estados Unidos, México y los países de Centroamérica para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. El acuerdo inició con 400 millones de dólares para México en ese 2008 y 65 millones para Centroamérica y el Caribe. En 10 años, Estados Unidos ha entregado apoyos a México por tres mil 74 millones de dólares.

Seguramente García Luna usará como prueba de descargo esas fotografías con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, o las cartas de reconocimiento a su labor y las condecoraciones que recibió del Gobierno de Estados Unidos en su juicio -si es que llega haber un juicio. La detención y el juicio de García Luna no sólo son un golpe a todos los esfuerzos que ha hecho México para construir una Policía civil, capacitada y con credibilidad.

También pone en entredicho los esfuerzos y la coordinación en materia de seguridad entre México y Estados Unidos.

No sé si Genaro García Luna es culpable o no de lo que se le acusa ni qué sucederá en el juicio en Nueva York. Pero de que cambiará la relación bilateral en materia de seguridad, seguramente. Pero también es una lección para todos los países que buscan reformar su capacidad de impartir justicia. No importan los recursos ni la voluntad política. Si los secretarios son corruptos y están coludidos, no hay forma que el País cambie.

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