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Esto no es lo que Biden prometió

Biden -como Trump- sigue utilizando el llamado Título 42 para expulsar a inmigrantes por razones de salud pública

Por Jorge Ramos

Deportaciones masivas. Agentes fronterizos que persiguen a inmigrantes haitianos a caballo. Expulsiones de Estados Unidos con la excusa del Covid. La imposibilidad de hacer solicitudes de asilo en territorio estadounidense. Se obliga a refugiados a esperar meses en México para tener una respuesta a su petición. La aparente presión a México para que sea el nuevo muro. Un sistema migratorio basado en la fuerza física y en la contención. Y un proceso de legalización estancado. Este es el escenario actual.

Y no es lo que había prometido el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Durante su campaña como candidato presidencial expresaba su “compromiso con un sistema migratorio justo y humano”. Ya en la presidencia, ha hecho declaraciones similares. Pero parece ser que el viejo sistema migratorio -sustentado en deportaciones, fuerza física en la frontera, y franca resistencia hacia la integración de los nuevos inmigrantes- se niega a irse.

Si el Gobierno de Donald Trump se caracterizó por su crueldad con los inmigrantes, por la separación de familias y las imágenes de niños en jaulas, el de Biden también empieza a sonar contradictorio y caótico. Los videos de agentes de la Patrulla Fronteriza levantando amenazadoramente sus riendas y lanzando sus caballos contra haitianos que intentaban cruzar son vergonzosos. Es asombroso que en 2021 se permitan acciones así por parte de agentes de un Gobierno. (Los hechos están bajo investigación). Pero hay más.

Biden -como Trump- sigue utilizando el llamado Título 42 para expulsar a inmigrantes por razones de salud pública. De febrero a agosto de este año deportó a más de 690 mil personas con la excusa del Covid. Además, en esas mismas fechas, la Patrulla Fronteriza detuvo a casi medio millón de personas sin documentos -llamados “inadmisibles”, según el Título 8- que también podrían ser deportados. Esta no parece ser una política humanitaria ni justa.

El Presidente parece no querer comparaciones con el ex presidente Barack Obama, quien expulsó a más de cinco millones de personas en sus ocho años en la Casa Blanca. De hecho, durante una entrevista en febrero de 2020, el candidato Biden me dijo que esas deportaciones masivas de Obama habían sido un “gran error”. Por eso sorprende tanto que Biden siga sacando a miles de personas que podrían tener razones válidas para quedarse.

Esta realidad choca con los discursos y documentos del Gobierno de Biden, quien quiere presentarse públicamente como humanitario y comprensivo. Su Casa Blanca publicó en julio un documento que decía que “en los primeros seis meses, el Gobierno ha tenido un progreso considerable para crear un sistema migratorio justo, ordenado y humano, mientras le pide al Congreso que reforme las leyes migratorias de Estados Unidos”.

Pero lo que estamos viendo es a un Gobierno reaccionando, a veces de manera desordenada, ante las crisis que van surgiendo en la frontera con México. Por ejemplo, fueron tomados totalmente por sorpresa cuando miles de inmigrantes, en su mayoría de Haití, se refugiaron debajo del puente internacional de Del Río, ya dentro de territorio estadounidense. Y por todos lados están entrando personas sin documentos sin que haya una política ordenada, consistente ni justa para lidiar con ellos.

El mensaje que está llegando a Centroamérica es: Trump ya no está en la Casa Blanca y la frontera está agujereada. Por eso tantos se están arriesgando a ir al Norte ahora. Este, por supuesto, no es el mensaje oficial del Gobierno estadounidense, que insiste -como han dicho públicamente la vicepresidenta Kamala Harris y el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas- que la frontera está cerrada.

Al final, el hambre y el miedo se imponen. Para muchos es menos arriesgado tratar de cruzar de manera no autorizada la frontera de México con Estados Unidos que enfrentarse a la hambruna en Guatemala, a la violencia en Honduras y a las pandillas en El Salvador. Y los planes de México y Estados Unidos para invertir billones de dólares en Centroamérica -y enfrentar así el origen de las migraciones- podrían tardar años o décadas para tener algún efecto medible. Lo que nos espera son muchos meses con cientos de miles de inmigrantes intentando entrar por la frontera Sur. Y a las autoridades tratando de tapar hoyos. La política migratoria de Biden ha sido, hasta el momento, reactiva.

Así como el Presidente ha fracasado en su bien intencionado objetivo de tener “un sistema migratorio justo, ordenado y humanitario”, también se ha desmoronado su esfuerzo para aprobar en el Congreso una reforma migratoria que legalice a la mayoría de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados. En el Senado no hay 60 votos para aprobar una reforma migratoria. También fracasó el plan de legalizar a millones de dreamers, trabajadores agrícolas y trabajadores esenciales a través del complicado proceso de reconciliación presupuestaria dentro del Congreso.

Esto deja al presidente Biden en una situación muy precaria. No ha cumplido casi ninguna de sus promesas migratorias.

Los demócratas -quienes hoy controlan la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso- se han hecho fama de prometer mucho y cumplir poco. Desde 1986 hemos oído sus promesas con la comunidad inmigrante y millones de personas se han quedado esperando. Si las cosas siguen igual, y Biden y los demócratas no hacen algo decisivo y efectivo, pudiera haber una revuelta de votantes hispanos en las elecciones de 2022 y 2024. Entiendo que los republicanos son en buena medida los responsables de bloquear casi todas las propuestas migratorias en el Congreso, pero son los demócratas quienes han hecho una gran parte de las promesas. Y ha llegado el momento de cumplir o padecer las consecuencias posiblemente reflejadas en votos y apoyo.

Cuando dijo que quería ser presidente, Biden pintó un panorama muy distinto del que vemos en la práctica hoy. Las viejas y malas costumbres -como demostraron esos agentes a caballos en la frontera- no han dado paso a prácticas más empáticas y humanistas. Hasta ahora, esa corriente antiinmigrante, que persistió durante el Gobierno de Trump, ha demostrado ser más fuerte que el nuevo presidente.

Y para los inmigrantes, desafortunadamente, hoy no hay mucha diferencia entre Biden y Trump.

Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es "A Country for All: An Immigrant Manifesto".

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