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Columnas Dueñez* empresaria

Epidemia de silencio

No todas las epidemias son incontrolables. Hay algunas, como la epidemia del silencio, que está en nuestras manos combatirla.

Por Carlos Dumois

No todas las epidemias son incontrolables. Hay algunas, como la epidemia del silencio, que está en nuestras manos combatirla.

Los empresarios somos dominantes generalmente. Nos gusta controlar la situación y acaparar la palabra. Si les preguntamos a nuestros colaboradores cuántas veces se han quedado con una pregunta que no hicieron, o con una idea que no aportaron, nos sorprenderían las respuestas.
 

Amy Edmondson, de la escuela de negocios de Harvard, publicó en 2019 otro gran libro, “The Fearless Organization” (La Organización sin Temor). La renombrada académica, sintetiza en este libro lo que ha venido estudiando desde hace décadas. 
De ella, creía yo que escribía sólo sobre temas sicológicos ligeros; pero el año pasado me sorprendió muy gratamente con sus intervenciones en el Peter Drucker Global Summit en Viena, donde expuso planteamientos muy agudos y pertinentes. ¡Brillante!

La autora ha demostrado de diversas formas que los miembros de equipos de trabajo, frecuentemente callan sus ideas, aunque estén convencidos de tener algo importante que expresar para la organización, para el cliente y para ellos mismos.

Nadie gana nada del silencio. Ni siquiera ahorramos tiempo ni somos más eficientes. Los equipos decisorios desaprovechan valiosos puntos de vista. Los que callan, luego se arrepienten. Muchos desean haber hablado. Otros reconocen que encontrarían mayor significado en sus trabajos si pudiesen contribuir más.

Los que nunca escuchan lo que el colega pudo haber dicho, no saben de lo que se pierden. Pero la realidad es que muchos problemas no son reportados, oportunidades de mejora se pierden, y hasta grandes desastres pueden ocurrir por el silencio.

Hace poco pregunté a un gerente, que sé que puede aportar mucho, por qué se quedaba callado. Me sorprendió la respuesta -se quedó callado. El líder de esa empresa, tal vez no hace lo suficiente para que no haya temor.

Cuando se les pregunta por la razón de su silencio, algunos hablan de no querer ser mal vistos, o no querer enfadar o apenar a otra persona, o por pensar que no era relevante lo que querían decir, o incluso por temor a represalias.

Pero las repuestas más comunes sobre los motivos del silencio son: Uno, temor de ser etiquetados negativamente, y dos, miedo de dañar las relaciones de trabajo. Esto, afirma Amy Edmondson, No tiene cabida en la organización sentir temor.

Tal vez no creemos, o no nos preocupa, que nuestros colaboradores se queden callados por protegerse o por cuestiones de relaciones, pero la verdad es que eso sucede todos los días en nuestras reuniones de trabajo.

Hoy sabemos que un técnico había advertido del riesgo de explosión en la planta atómica japonesa del tsunami del 2011, y en el momento crítico, se quedó callado. Hoy sabemos que el copiloto del Boeing 747 de KLM advirtió al capitán que la nebulosa pista de Islas Canarias no estaba despejada. Sabemos que no le hicieron caso, y que se quedó callado, propiciando el choque con el 747 de Pan Am, y matando a 583 pasajeros.
Sabemos también que el accidente del Challenger no debió haber ocurrido. Un ingeniero en la NASA advirtió que los segmentos del cohete podrían fallar, no le hicieron caso, y vimos cómo explotó el transportador espacial.

Tal vez nuestros silencios, los de todos los días, los de cada junta, no sean tan graves. Probablemente rara vez por un silencio vivamos desastres en nuestras organizaciones. Pero también es probable que el costo más alto que paguemos nosotros sea el costo de oportunidad.

Doble costo de oportunidad. Primero, cuántas buenas ideas se pierden, y cuántos problemas no se resuelven a tiempo por nuestros silencios. Segundo, cuántos colaboradores valiosos ven obstruida su realización personal, por no sentir que pueden colaborar mucho más en su trabajo.

Tenemos que trabajar en frenar esta epidemia. Esta sí está en nuestras manos. Podemos construir una organización sin temor. Compartiremos pronto las ideas que nos ofrece Amy Edmondson, para hacer de nuestra empresa una organización en la que todos sientan plena confianza de hablar y aportar sus ideas. Vale la pena.

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