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Columnas Jorge Ramos

En México matan mujeres y no pasa nada

El Gobierno mexicano no ha hecho lo suficiente para frenar el aumento de feminicidios en el País.

Por Jorge Ramos

MIAMI, FLORIDA.- El Gobierno mexicano no ha hecho lo suficiente para frenar el aumento de feminicidios en el País. Los agresores, en su mayoría, están libres y no se ve un plan concreto para detener esta tendencia.

María de Jesús Jaime Zamudio, conocida como Marichuy, murió una semana después de caer de un quinto piso en enero de 2016. Su madre, Yesenia Zamudio, está convencida que no fue un accidente ni un intento de suicidio, como sugirieron las autoridades en el momento de la tragedia. Durante los últimos cuatro años ella ha insistido en que su hija fue asesinada. 

En septiembre de 2019, el caso de Marichuy fue reclasificado como feminicidio. Esto la convierte en una de los miles de mujeres que son asesinadas en México por violencia de género. Y no se ha hecho nada para solucionar este lamentable estado de las cosas. Los agresores, en su mayoría, están libres.

“Lo que ahora sé, por los peritajes y las investigaciones (es que) Mari sufrió violencia de género, sufrió acoso sexual”, me dijo Yesenia en una entrevista. “Cayó. Nadie la ayudó. Después la dejan en el olvido, desangrándose”. Marichuy, de sólo 19 años, murió por múltiples fracturas en un hospital de Ciudad de México por intentar escapar de sus atacantes. Su familia afirma que uno de los profesores de Marichuy y tres compañeros de la universidad la agredieron en su apartamento después de una noche de fiesta, pero hasta ahora no se han realizado arrestos relacionados con su caso.

Yesenia se dio a conocer recientemente por un video que se hizo viral en las redes sociales. “Y si quemo y rompo y hago un pin... despadre en esta ciudad, ¿cuál es su pin... problema?”, se le escucha decir. ¡A mí me mataron a mi hija! ¡Yo soy una madre que me mataron a mi hija! Y, sí, soy una madre empoderada y feminista y estoy que me carga la chin... Tengo todo el derecho a quemar y a romper. No le voy a pedir permiso a nadie. (…) Porque antes de que asesinaran a mi hija han asesinado a muchas”. 

Yesenia dio este mensaje durante una protesta en la que muchas mujeres se reunieron frente al lugar donde mataron recientemente a Ingrid Escamilla. El cuerpo de Ingrid, de 25 años, fue encontrado descuartizado y su pareja fue acusada del brutal crimen. La publicación de fotos del cadáver ensangrentado de la víctima ocasionó fuertes críticas contra medios de comunicación -por explotación y revictimización- y contra el gobierno de Ciudad de México, por la filtración de las fotos.

La rabia de Yesenia, tan pública y digital, es la expresión de una nueva cultura en México contra el silencio, contra el machismo. Es una cultura en la que las mujeres exigen un trato igualitario. Pero, primero, es indispensable que no las maten. Y son las mujeres quienes están tomando la iniciativa a fuerza de denuncias y protestas. Este domingo 8 de marzo habrá una marcha multitudinaria en Ciudad de México y el lunes se convocó a una inusual protesta nacional conocida en las redes sociales como #UnDíaSinMujeres.

En 2019 se registraron mil 010 feminicidios en México, más del doble de los reportados en 2015. El feminicidio es el asesinato de una mujer por el simple hecho de ser mujer. Pero para clasificar como un feminicidio un crimen, el código penal federal de México requiere que se presente alguna de estas circunstancias: Que la víctima “presente signos de violencia sexual”, que hayan existido amenazas, acoso, antecedentes violentos, una relación sentimental o de confianza con el agresor, privación de libertad o la exposición de la víctima en un lugar público. El problema es que muchos asesinatos de mujeres al final caen en la categoría general de “homicidios dolosos”. Y en México esa categoría es como una fosa común: La mayoría de los homicidios no se investigan. Desde que Andrés Manuel López Obrador es presidente -el primero de diciembre de 2018- y hasta el 31 de enero de 2020, han sido asesinados 40 mil 299 mexicanos y mexicanas. Estás son las cifras más altas desde que se lleva registro de la violencia en el País. 

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