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Columnas Análisis sin fronteras

El último aplauso

Crear expectativas siempre es peligroso para todo gobernante y las consecuencias pueden ser desastrosas para la población y para los políticos.

Por Ana María Salazar

Crear expectativas siempre es peligroso para todo gobernante y las consecuencias pueden ser desastrosas para la población y para los políticos. Pero las promesas que se hicieron esta semana de que “México ya está aplanando la curva” y que el País estaría enfrentando el peor momento de la crisis del coronavirus, podría ser el momento más importante de la presidencia Andrés Manuel López Obrador, porque como se configura los siguientes años, debido en parte a la crisis del Covid-19, el Presidente tendrá pocos éxitos en otra área: Va a incrementar la pobreza, se va a disparar el desempleo, México no crecerá este sexenio, la inseguridad no se va a contener y el futuro político de Morena y los allegados de AMLO se esfumará al pasar los meses.

Ojalá que recordemos esta semana cuando se empezó a confirmar el ‘aplanamiento de la curva’ y el lento inicio de la recuperación de País.

Hay que reconocer que esta crisis va a destruir políticos, partidos y sistemas económicos alrededor del mundo. Hay muy pocos gobernantes democráticamente electos que sobrevivirán políticamente. Si son gobiernos autoritarios o populistas, su supervivencia dependerá de su capacidad de hacer uso extremo de la fuerza, fraude electoral o la división de la población, tendrán que hacer uso de la fuerza extrema, robo de elecciones o dividir la población.

Esta semana podría ser la última vez que los niveles de popularidad de AMLO estén arriba de 60% y los asesores políticos podrían continuar aconsejando al Presidente. Así funciona la política: El éxito viste al Presidente, y el fracaso lo traga y sufren los subalternos. Y aunque la profundidad de la crisis económica y las implicaciones de no tener una estrategia coordinada, apenas se está empezando a comprender por parte del Gobierno y la población, si la crisis de salud empezara a solucionarse sería un paso extraordinario para Andrés Manuel y posiblemente tendría la posibilidad de rescatar algo de la Cuarta Transformación y de su legado histórico. También, hay que decirlo, el Presidente tendría razón en presumir el sistema de monitoreo centinela y la ‘estrategia mexicana’ de enfrentar la crisis del Covid-19.

Seguramente López-Gatell sería nombrado secretario de Salud y la comunidad médica del mundo lo reconocerá por el resto de su vida.

Pero lo más importante es que, de ser exitosa esta estrategia, evitaría más sufrimiento a la población, que urgentemente necesita salir de casas a trabajar o buscar empleo.

Pero son tantas las cosas que podrían convertir esta semana en una de las más decepcionantes. ¿Se equivocarían los científicos mexicanos, como los muchos científicos alrededor del mundo, y simple y llanamente las cifras optimistas eran una ilusión? Todavía hay muchas interrogantes sobre el Covid-19, algunas muy alarmantes, que con el tiempo entenderemos. O será que el doctor Hugo López-Gatell, el científico, se dejó influenciar por el Presidente, quién le exigía resultados políticos. O simple y llanamente la información que recibe la Secretaría de Salud tenía fallas fundamentales, y por eso todos se equivocaron. Incluyendo al mismo López-Gatell.

Porque parece que los expertos en Estados Unidos se equivocaron y por mucho. A pesar de todos los recursos hospitalarios e inyección de dinero, esta semana se filtró un reporte donde incrementa dramáticamente el número de enfermos y muertos por Covid-19 de mil 750 defunciones diarias a 3,000 para el 1 de junio de este año. En este momento son aproximadamente 25 mil personas que se enferman en Estados Unidos. Esto podría incrementar a 200 mil enfermos diarios.

Pero Andrés Manuel presumió que México tenía mejor sistema de salud. Esperemos que esté en lo correcto y no incrementen tan dramáticamente las defunciones.

Esperemos que por el bien de México ese no sea el caso.

Seguramente los más fervientes seguidores dirán que es injusto culpar a López Obrador del desastre por venir. Pero hasta el mismo Presidente comentó en sus mañaneras que era un hombre con suerte.

Parece que esa suerte terminó. Lo que le toca ahora a él y su equipo es buscar mitigar la tragedia, el dolor y la desesperación, no agravarla.

Pero sí sería un tanto irónico que el presidente de México estuviera dispuesto a ceder a las presiones del Presidente de Estados Unidos para coordinarse con las empresas del vecino país, pero no esté dispuesto a sentarse con la clase empresarial, gobernadores y sociedad civil para crear la alianza nacional que necesita México.

Pero en la crisis del Covid-19 todo puede suceder.

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